27 agosto 2014

Chúpate esa Lady Gaga

Madonna Louise Veronica Ciccone, 53 años, reina del pop: indestronable tras tres décadas de carrera, bate récords con su nuevo disco.

Madonna en éxtasis. O algo así. Lo delata el título de su duodécimo álbum de estudio, MDNA (juego de equívocos onomásticos a propósito de su propio nombre y de la metanfetamina que tanto juego ha dado allí donde la artista rinde mejor, las pistas de baile); lo sugiere el vídeo de su flamante single, Girl Gone Wild (remix de autorreferencias estilísticas, religiosas y sexuales, con crucifijos, coronas de espinas, bragas de látex, sujetadores de encaje francés, vogueing, cigarrillos, pistolas y el supermodelo patrio Jon Kortajarena, todo agitado en la coctelera homoerótica de los fotógrafos/video-rrealizadores Mert Alas y Marcus Piggott), y lo constata su nuevo récord como vendedora multimillonaria (el disco ha batido la marca de orden de compra por anticipado en un solo día de toda la historia de iTunes: número uno en la lista de encargos de 50 países). Treinta años después de Holiday y ahí la tienen, que no hay quién le tosa. El orgasmo de la ambición eterna.

Al camaleón definitivo del pop ya ni siquiera le hace falta reinventarse para ganar la partida. Madonna regresa disparando la misma artillería -ayer pesada, hoy ya ligera- desde sus días Like A Virgin y el mundo vuelve a rendirse a sus louboutins. He aquí el milagro: en un negocio (el de la música) paupérrimo, convertido en maras-mo de estrellas autoeditadas a la espera de hacer sonar la flauta en el blog hipster adecuado, Madge hace valer los galones conseguidos en tres décadas de carrera. «Eres como James Dean conduciendo un bólido, puedes quedarte las llaves de mi coche», escupe en Superstar, su ración de ironía en el nuevo álbum. Chúpate esa, Lady Gaga. Y ya no digamos Lana Del Rey.

Dicen que en MDNA hay mucho de bilis y de venganza, de ajuste de cuentas profesional y personal (no menos rabioso por más bailable que sea). La reina de los pequeños monstruos recibe otro sonoro sopapo en I Don't Give A, aunque no directamente: la maestra deja el trabajo sucio a una de sus últimas alumnas, Nicki Minaj. «Madonna, tú eres más original que Gaga», rapea la joven neoyorquina, que también colabora en Gimme All Your Luvin junto a M.I.A., otra demostración de poder de la madre que devora a sus hijas. 

El peor parado es Guy Richie, su ex: «Si veo a ese cabrón en el infierno volveré a pegarle un tiro en la cabeza, porque quiero verlo morir una y otra vez», concede en Gang Bang, trallazo electro que piensa incluir en el repertorio de su inminente gira, que pasará por Barcelona (20 y el 21 de junio) y para la que ya está casi todo el pescado vendido. ¿Lo duda-ban? A los descreídos, Minaj se lo recuerda al final de I Don't Give A: «Sólo hay una reina y esa es Madonna, zorra».

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