30 octubre 2014

A Marcela Paoli le gusta despelotarse

Es la voz sensual, el rostro anguloso y el cuerpo tonificado de la célebre asesina Roxy Hart de Chicago. La última promesa en pulir su acento porteño para comerse la versión española del famoso musical de Broadway, en cartel desde el 27 de noviembre en la Gran Vía madrileña y hasta, de momento, el próximo mes de junio. 

Marcela Paoli (Buenos Aires, 1971) creció al frío de la dictadura de Videla, pero hoy encuentra sosiego en el público de la patria chica, que descubre atónita su excelso talento. La actriz no tiene billete de vuelta. «Aquí encontré al amor de mi vida», revela.

Pregunta.- ¿Era su sueño, como el de tantos argentinos, trabajar en España?

Respuesta.- Sí. A mí me gusta crecer personal y profesionalmente. Buenos Aires se me quedó pequeña. Sentí que no tenía motivaciones más allá de lo cultural...

P.- ¿Le influyó en su decisión el panorama político de su tierra?

R.- Creo que a mi país no se le atiende como se debería. Hay necesidades primarias y no tan primarias a las que se dan de lado.

P.- Aquí también se cuestiona a los Kirchner...

R.- Estoy cansada de la indolencia de los responsables del gobierno. El pueblo español sigue más de cerca a los políticos. Allí hemos tirado la toalla.

P.- ¿Qué diferencias encuentra entre la forma de trabajar en Argentina y en España?

R.- El nivel es el mismo. Acá y allá hay mucha gente talentosa, pero los proyectos se guían de forma distinta. En España hay más espíritu de equipo.

P.- ¿En qué otras Roxys se ha inspirado? ¿Quizás en el rol cinematográfico que interpretó Renée Zellweger?

R.- Éste es el papel soñado para cualquier actriz. Pero aún no he hecho cine, sólo escenarios. Me gusta especialmente Ute Lemper, una artista multifacética que también pinta, y también Ann Reinking.

P.- ¿Hay alguna actriz española con la que le gustaría trabajar?

R.- Me encantaría cantar con Ana Belén. La amo. Es una mujer extraordinaria (...). También me gustaría participar en una serie como Amar en tiempos revueltos.

P.-¿Pertenece a una saga de artistas como la de los conocidos exiliados Alterio o Botto?

R.- Mi familia nunca se dedicó profesionalmente a esto. Pero mi mamá participó antes de casarse en una escuela de ballet y mi papá formó parte de un cuarteto de música popular. Siempre tuve una veta por el arte.

P.- Parece una actriz muy disciplinada, ¿cómo se cuida?

R.- No soy nocturna. No fumo ni bebo alcohol, hago yoga y voy al gimnasio por temporadas. También ejercito la voz en casa. Para bajar la tensión, cuando llego a casa después de la función, ceno, me doy un bañito y me quito el maquillaje mientras charlo con mi novio.

P.- ¿Cómo valora su paso por la academia argentina de Operación Triunfo?

R.- OT vino a mi vida en un momento especial. Allí aprendí a dar clases. Me encantaría abrir aquí un taller de entrenamiento actoral y vocal.

P.- Gracias al programa saltó al papel couche...

R.-Sí (se ríe). Pero ya me había dado a conocer en los 90 en un programa infantil. También formé parte del elenco de Chicago en Argentina y ya allí hacía la cover de Roxy. Conocía muy bien la obra antes de venir.

P.- De su vida personal se sabe poco... ¿Hay algún episodio de la misma que merezca un musical?

R.- Estuve casada, pero me divorcié. Ahora estoy feliz, tranquila... emparejada con un español. Antes de venir aquí tenía un dinero ahorrado para comprarme un piano vertical. Pero en cuanto me enteré de las audiciones de Chicago en España preferí comprarme los pasajes. A los dos días de conseguir el papel de Roxy, encontré al amor de mi vida. Llevamos juntos desde julio.

P.- Entonces conoce bien al hombre español. ¿Qué le diferencia del argentino?

R.- Ambos son encantadores, pero ¡allí hay demasiado psicoanálisis!

P.- ¿Cumple con el tópico argentino de haber pasado por el terapeuta?

R.- ¡Síiiiiiii! (vuelve a reír). Lo tuve para conocerme más a mí misma. Como docente, me pareció fundamental para entender mejor a quienes me enfrentaba.

23 octubre 2014

Cuando Renee Zellweger estaba rolliza

He aquí a una actriz que no retrocede jamás ante el naturalismo, que es precisamente lo contrario de la divina naturalidad del arte. Digo actriz porque con ello se gana la vida, y hasta la fecha numerosos premios la han convertido en toda una celebridad. Desde mi punto de vista, Renée es, sin embargo, solamente una aplicada fingidora. 

El cine le proporciona personajes que ella, en vez de interpretar, imita ciega y literalmente. Y así, a tenor de su papel, antes que otra cosa, lo que le vemos es adelgazar y engordar después con el encarnizamiento de una boa tras haberse merendado un buey. 

Tan pronto pesa 52 kilos como 70; poco dura su ágil musculatura de bailarina en el musical Chicago, y menos aún su poderoso pandero filmado en primer plano bajando por la barra de una estación de bomberos en El diario de Bridget Jones. Todo este trajín de kilos y de tallas, este alarmante trasiego de una cintura de avispa hasta un torso de luchador de sumo, han conseguido que, al menos yo, la contemple como a un fenómeno de barraca. Haga lo que haga y se ponga lo que se ponga, la veo siempre en chándal y a la gresca con la báscula. La chica, que tenía una convincente vis cómica y unos mofletes dignos de mi admirada Dorys Day, queda oculta por lo más evidente: una piel macilenta y lacerada, con una textura parecida al linóleo, cuando está rolliza; o un aire de languidez mórbida, como de flor prensada en un programa de mano de ópera, cuando aparece flaca. 

A mí, la verdad, me convence más en su faceta, siempre inestable, de gordita a dieta. Todos tenemos una naturaleza íntima y contravenirla tiene consecuencias, si no dramáticas, sí muy ridículas. Cuando Renée, hija de padre suizo y madre belga, y que debe guardar en su genoma el estigma de la zampabollos, se pone estupenda, inmediatamente se le graba en el entrecejo un signo de perplejidad, una sombra de tozudez, una arruga de enfado que denota el hambre que está padeciendo. ¿Otra vez? Sí, otra vez. 

Entonces, me resulta ya imposible reconocerla como una leve beldad engalanada con un precioso vestido de iridiscentes lentejuelas color champán, sino que lo suyo, ese ser matérico y potelé, se superpone con insistencia y se me impone. No, Renée carece de estructura psicológica y física para la liviandad. Lo peor es que cuanto más se empeña en simularla, menos nos la creemos tampoco en su encarnación contundente y cordial. Interpretar no es imitar mansamente el aspecto exterior de un carácter. A esta confusión nos lleva, a ella y a todos, el actual culto por las imágenes inanimadas. Pero eso se cura con la edad, a veces, y yo confío en que si esta mujer deja de contar calorías y se pone a contar endecasílabos, salga la actriz que lleva dentro.

01 octubre 2014

Vuelve a llevarse el zapato plano

Algunos de puntillas, y otros totalmente apoyados en el suelo o dando saltos, 21 pares de pies se dejaron ver por debajo de una cortina en el desfile de primavera de Alta Costura de Viktor & Rolf.

Y es que ¿por qué la Alta Costura debe limitarse a materiales como la seda y la gasa? El látex, que se suele asociar a los hospitales y los sex shops, también se puede adaptar al cuerpo aportándole libertad de movimiento. En este desfile el material se drapeó y plisó, acariciando las delgadas siluetas de las bailarinas.

El único problema fue la falta de conexión entre las zapatillas de ballet y la tendencia principal de la temporada de moda de primavera: calzado plano, ya fueran sandalias o zapatillas de deporte. Desde que los zapatos arrebataran a los bolsos el papel de complemento indispensable, los tacones han ido subiendo en altura y también en nivel de complejidad. Sin embargo, ahora las mujeres quieren bajarse de ese pedestal.

Las plataformas son cada vez más gruesas y aparatosas, lo que ha provocado que las que las llevan (incluidas las modelos larguiruchas de las pasarelas) lleguen a tambalearse hasta el punto de casi caerse. El retorno de las sandalias planas se ha atenuado con la incorporación de pieles y plumas, lo que aporta un toque de glamour e, incluso, de extravagancia. Pero esta temporada se han dado pasos más atrevidos, especialmente en la colección de Chanel, en la que todas las modelos llevaban zapatillas deportivas y daban saltos por la pasarela, celebrando esta nueva e inesperada comodidad.

En la casa Dior, Raf Simons no se ha decidido a cambiar el paso totalmente, intercalando los zapatos deportivos planos con un calzado más convencional. Sin embargo, aunque las tendencias de la moda suelen tardar bastante en establecerse, no cabe la menor duda de que las mujeres se están rebelando en contra de los diseños que no les permiten caminar con soltura. Puede que se trate de un paso pequeño para el hombre, pero este es un gran salto para la mujer.

24 septiembre 2014

Subidas en tacones de 15 centímetros

Siempre las he visto como auténticas heroínas a lo Lara Croft, Catwoman o Nikita. Con auténticos superpoderes que les permiten soportar altas temperaturas a pleno sol enfundadas en sus trajes (de todo menos fresquitos), sentarse con habilidad con esas fantásticas pero aparatosas faldas (que parece complicado). También, son ajenas al picor y dolor que produce la tirantez del recogido del cabello con millones de horquillas, sin olvidarme, de los tacones que no se quitan en todo el día y el kilo de maquillaje. Como toda heroína empuñan un arma para defenderse de los villanos, el abanico, que les acompaña en la multitud de actos que tienen a lo largo del día: pasacalles, mascletá, comidas, desfiles, cenas de sobaquillo, ofrenda... 

Y siempre pletóricas. La Bellea del Foc y sus damas disfrutan cada día de Hogueras como si fuera el último. Ellas son las protagonistas y en las que miles de ojos se posan. Y durante todo este año lucirán el traje de novia alicantina que jamás volverán a usar, a excepción de las infantiles, que tendrán la oportunidad dentro de unos años si repiten como belleas adultas.

El traje de novia alicantina, creado por Tomás Valcárcel en los años 60, ha experimentado a lo largo de su historia multitud de cambios, pero la esencia es la misma. Según Rubén Hernández, indumentarista oficial de la Bellea del Foc, "los cambios los marcan los indumentaristas, antes las faldas eran muy cortas, a la altura de la rodilla, y el vuelo chafado. Ahora son más largas y las faldas van más hinchadas". Las recomendaciones del modisto es que no sean muy largas porque el cancán y el tejido van perdiendo apresto. De hecho, es la Federación de Hogueras la que marca el largo de las faldas, que tienen que estar a 15 cm del suelo, incluidos los zapatos. Pero, a pesar de las recomendaciones, Hernández asegura que "en los desfiles se ve de todo".

El corpiño es una de las piezas que más se ha adaptado, sobretodo, a las temperaturas. Antes, siempre estaban confeccionados en terciopelo, ahora Rubén Hernández explica que "se procuran hacer los corpiños más frescos, de raso o brocado en negro, pero no dejan de ser de manga larga y color negro, así que calor dan". Además, añade que "es importante que vaya bien ceñido al cuerpo para realzar el talle".

Pero, sin lugar a dudas, el golpe de vista lo tienen las faldas y las mantillas. Esta última es, para el indumentarista, la más laboriosa porque "en ella es donde más manos trabajan: la bordadora, almidón, pedrería…". Son de tul o encaje, en blanco o crudo, con tres picos. La altura delantera no supera los 10 centímetros.

El traje de novia alicantina consta de diversas piezas: debajo, medias blancas, las enaguas y el cancán; en la cabeza, la mantilla y la flor de azahar (que tiene que ser en cera), el corpiño, la falda y el delantal (siempre negro y redondo). Y los aderezos: pendientes, detalle en el cuello con motivo religioso, broche y abanico.

17 septiembre 2014

Para los que leían el Super Pop

Aunque el año pasado ya lanzó un guiño musical a la londinense Amy Winehouse durante la exhibición de su alta costura, nunca antes su pasarela se había parecido tanto a una pista de baile. El sábado la convirtió en una especie de olimpo musical en el que estaban (casi) todos los iconos de los 80, al menos los incluidos en el playlist del creador. Todos los estilos musicales, algunos de ellos antagónicos, desfilaron bajo los mismos focos y la misma etiqueta: la de Jean-Paul Gaultier.

El modisto cerró el sábado el quinto día de la Fashion Week de París con un desfile ochentero en el que recorrió la moda a través de la música y a la inversa, un espectáculo en el que las notas que han hecho leyenda marcaron el ritmo del paso de las modelos sobre la pasarela. Subieron a escena Madonna, Michael Jackson, Jane Birkin, Grace Jones, Abba o Annie Lenox. Un homenaje a los 80, al pop, a la creación y a las influencias que los artistas han tenido en su manera de trabajar, según justificó el francés.

También a la diversión, el desfile fue una invitación al baile, a la distracción, más necesaria que nunca en los tiempos que corren. «No hay que escudarse en la crisis para mostrar colecciones siniestras. ¿Por qué el minimalismo a cualquier precio? También podemos tener alegría. Incluso en periodo de crisis hay que divertirse», señaló Gaultier tras el espectáculo.

Un grupo de bailarines animó la puesta en escena con una coreografía preparada por la española Blanca Li mientras recorrían la pasarela las modelos ataviadas a lo Madonna, Lenox, Birkin o Jackson. Estilos para todos los gustos, desde la elegancia oscura de Grace Jones, «símbolo de clase y de la belleza negra», según el modisto, hasta el negro mucho más provocativo de la reina del pop.

«En los 80 había muchos looks intensos, mientras que ahora nos dirigimos hacia una clonación de la nada, somos la copia de otros, como una especie de replicantes», declaró el modisto francés a los medios. «Antes, todos [los artistas] tenían una estética personal que suscitaba reacciones», apuntó.

Jean-Paul Gaultier ya ha vestido a algunas de las estrellas (como Madonna) subidas al escenario, ahora en la piel de sus musas. Para el galo, «cada uno de estos artistas aporta un aire que ningún costurero podrá reproducir». «Madonna encarna la reivindicación, quemando sus sujetadores. Ella decía: 'Sí, me visto de una manera sexy pero soy yo la que decido hacerlo'», dijo Gaultier a Reuters.

Junto a las transparencias y encajes provocativos de la cantante norteamericana, también se exhibieron en la pasarela trajes de chaqueta más discretos al estilo Annie Lenox y estampados de flores y formas kimono de Boy George. Se vieron los pantalones campana icono de los 70 y seña de identidad de Abba. No faltó el popero de guante blanco del desaparecido Michael Jackson: pantalón pitillo de cuero negro, chaqueta rojo brillante y sombrero.

No es la primera vez que la música marca el paso de las creaciones de Jean-Paul Gaultier. El pasado mes de enero el modisto ya se empapó de pop durante la presentación de su colección primavera verano en París. Entonces dedicó el desfile a la cantante londinense Amy Winehouse, una «creadora de tendencias a la que se ha prestado poca atención».

En esta ocasión quiso ampliar el guiño a «todos aquellos que han tenido una influencia sobre la moda». «Como yo mismo me he inspirado en la manera de ser o de vestir de David Bowie», matizó el creador francés. El sábado la guinda al espectáculo de sus creaciones veraniegas la puso la artista Amanda Lear, que cerró el desfile con una actuación en directo, streaptease incluido, para acabar quedándose con un body fucsia y un par de guantes negros, ambas prendas de Gaultier.

David Bowie, Madonna, Grace Jones y Michael Jackson. Cuatro de los invitados en espíritu al desfile de Gaultier en París.

10 septiembre 2014

Ha llegado la moda del sadomaso

Antifaces, ligueros, esposas (de policía, no las otras), látigos suaves y cuerdas de seda empiezan a formar parte de nuestra vida casi cotidiana. Podemos hacer como que no va con nosotras, que no sabemos qué es el bondage, la dominación suave, pero, no nos engañemos, el sadomaso light está de moda, no hay más que pasear por las calles, echar un vistazo a algunas revistas de moda y, muy especialmente, reconocer que 50 Sombras de Grey ha sido un éxito mundial de dimensiones que nadie imaginaba. ¿Qué más necesitamos? Esta claro, todas esas prácticas, que tienen mucho de estética pero también su parte real, la de experimentar con el dolor y la sumisión, ganan cada vez más adeptos. Por decirlo de una manera más frívola, son tendencia.

la estética punk ya recuperó esa iconografía y precisamente el hijo de sus artífices, de los que inventaron la imagen de ese movimiento, Vivienne Westwood y Malcom McLaren, es el creador de Agent Provocateur, una de las líneas de lencería que mejor reproduce la imagen de vampiresa con corpiños de ligas, sujetadores que cubren solo media copa o complementos de látex. Ahora empieza a abrir tiendas en nuestro país. Otra de las líneas estrella, más extrema, es Coco de Mer, con todo tipo de complementos y vestuario, desde el kit para iniciarse en el arte de atar a tu pareja; calzadores de lo más sofisticado que no sirven precisamente para ponerse los zapatos; fustas de lujo; corsés; reproducciones en jade de dildos anales en forma de loto o de otros en porcelana que imitan los juguetes sexuales ancestrales de Japón y China, o lencería vintage de los años 50 para ser una pin up de verdad, no de pacotilla. Antes muertas que ordinarias, por favor. En definitiva, todo lo indispensable para emular a las protagonistas de películas ya míticas sobre el asunto, como Garganta profunda, Portero de noche o Historia de O, precedentes más extremos de esa visión políticamente correcta del sadomaso que nos ofrecen las 50 sombras y derivados.

esa, digamos, normalización de la estética hace que muchas parejas se atrevan con este tipo de juegos. En bastantes ocasiones somos nosotras las que iniciamos la propuesta. No se puede negar que un taconazo, un corsé y un liguero nos hacen sentir sexys. A partir de ahí, puede venir lo que los dos quieran: desde que ella sea la que tome la parte activa con algún azote, pequeños pellizcos estratégicos, inmovilizándole con lazos de raso, cuerdas o gomas (teniendo mucho cuidado de que no corten la circulación, por supuesto), o que sea él quien, si le gusta y a ti te da morbo, te de algún cachete, te ponga unas esposas, practique el bonito arte del bondage (atar diversas partes del cuerpo o todo, pero para esto hay que conocer bien la técnica), use esas fustas de diseño o no, la estimulación un poco más dura de lo habitual de los pezones o el clítoris… 

También intercambiar los papeles, es decir, que el rol activo y el pasivo se vayan alternando, aunque lo habitual cuando se establecen este tipo de relaciones es que cada uno prefiera su puesto. Además, se puede emular a los de las sombras de Grey jugando al amo y la esclava, pero en versión un poco de andar por casa, sin esas órdenes que hacen que la o el sumiso tengan que estar todo el día pendientes de lo que el amo les ordena. En la literatura puede parecer excitante, pero la verdad es que para el día a día debe de ser bastante pesado. Claro, que si alguien quiere sentir esa experiencia, nadie puede juzgarlo.

bien asumido, el sexo, al final, es liberador, hace que salgan a la luz todos los deseos ocultos, el subconsciente. Nos permite jugar, encontrar un papel que muchas veces es el contrario de la máscara que nos colocamos cada día.

Por eso no se debe tener miedo, está bien llevar a la práctica fantasías que no pongan en peligro a nadie y con las que la otra persona disfrute. Pero tampoco hay que avergonzarse ni pensar que tu chico creerá que eres una carca si te propone atarte y jugar a esclavas y amos y te niegas. No. En este tipo de fantasías tan delicadas, donde la frontera entre cierto dolor que para algunos puede ser placentero y el desagradable, con sus consecuencias psicológicas, parece difusa, es importante estar muy seguro de que uno quiere participar. Y tener claro algo más: que, una vez iniciado el asunto, se parará si una de las partes así lo decide. Eso es esencial.

03 septiembre 2014

Versace ha logrado llegar a la alta joyería

París. ¿Es un sueño o es el mundo de la Alta Costura de Christian Dior? Las modelos se divertían, las flores se abrían y, como fondo, sonaba la música cañera de Kanye West. Resulta que esta versión perfecta del desfile de otoño-invierno 2013/2014 no es real, sino una interpretación mejorada gracias a las instantáneas de algunos de los fotógrafos más emblemáticos del mundo, cada uno relacionado con un continente: Patrick Demarchelier (Europa), Willy Vanderperre (América), Paolo Roversi (Asia) y Terry Richardson (África). Estados Unidos para el estilo sport, la pureza tradicional de Asia, la libertad de los colores masai de África... ¿Y para Europa? París, claro, y la historia gloriosa de Christian Dior.

Los fotógrafos captaron las instantáneas de las modelos en el backstage y estas se proyectaron como telón de fondo de la pasarela. Las imágenes también incluían un flashback a los motivos florales que Raf Simons usó el año pasado, en su primer desfile de Dior de Alta Costura. Fue un asalto visual. París llegó en forma de traje de chaqueta de tweed con superficies translúcidas y brillantes. África apareció en rojo oscuro y azul profundo con bordados diminutos. Y Asia era puro zen: vestidos pálidos con formas sueltas y drapeadas.

Todo fluía, había oleadas de tela, las chaquetas caían de forma suave y se mezclaban tres o cuatro tejidos distintos, por ejemplo, un corpiño floreado con una tela drapeada a la cadera y un tejido ligero de malla a la altura de las rodillas. Había mucho juego con las transparencias, un vestido que no era más que una cortina translúcida sobre un cuerpo desnudo. La colección era artística y ambiciosa, pero esto no siempre funciona. Especialmente, la mezcla de tejidos dio bastantes problemas. Lo único impecable fue la magnífica calidad de la artesanía de los talleres de Dior.

Simons habló de su visión ntes del desfile: "No soy minimalista". Sin embargo, podría haber ofrecido más vestidos de noche. Los hace tan sencillos, con aire internacional, clásico y moderno. Pero aunque no acertara, hay que felicitarle por querer ir más allá del legado parisino de la firma. Ha sabido dirigirse correctamente a los clientes de Asia que llenan las primeras filas de los desfiles de Dior.

Parece que va desapareciendo la Alta Costura de antaño. Jean-Louis Scherrer y Gérard Pipart, ambos de Nina Ricci, fallecieron el mes pasado. Dior necesita un diseñador que pueda sostener el legado de la casa y también abrir paso al futuro. Simons todavía no ha logrado crear una visión que esté a la altura de las fotos del telón de fondo de su desfile.

Por otra parte, la glamourosa Naomi Campbell abrió y cerró el desfile de Atelier Versace. La pasarela estaba cargada de esa energía intensa, llamativa y explosiva que ha creado Donatella. "Quiero que todo sea perfecto: las telas, las pieles y que los fotógrafos sean los mejores", aseguró la diseñadora. Además, ella y Naomi iban vestidas de encaje negro con aberturas coquetas. Pero se le olvidó decir que los cuerpos también deben ser perfectos. Esto se apreció gracias a los tops que dejaban la espalda al aire y los sujetadores de encaje que también quedaban a la vista.

El coqueteo visual y los adornos en los tejidos dominaron la colección. Hasta una pequeña combinación de seda estaba cubierta de pequeñas lentejuelas brillantes. Hay que reconocer que, temporada tras temporada, Versace logra reinventarse como marca. Es más, la vuelta de la Alta Costura a la pasarela brindó el pretexto perfecto para derrochar bling: la colección de la firma de Alta Joyería. No se puede llegar mucho más alto.