27 agosto 2015

El PCE el traidor de la clase obrera

En junio de 1977 toda utopía tuvo asiento registral y la revolución marxistaleninista, confianza en las urnas. Cómo sería que, años después, rojos irreductibles seguían criticando al PCE por traidor a la clase obrera y campesina y por haber frustrado el ascenso al poder del proletariado republicano; que, al parecer, estaba en puertas y se daban las condiciones objetivas. 

Profesaban con tal convicción y sinceridad que la derecha estaba aterrada y descalificaba la democracia porque creía que tal atomización quería decir que todos los españoles eran de izquierdas. Lo llamaba peyorativamente la «sopa de siglas». Y en efecto, cualquier practicante disponía del adecuado partido político donde observar su fe por leve que fuera la diferencia ideológica con el partido contiguo. Incluso los anarquistas tenían donde elegir: el acabóse. 

Los españoles, por lo visto, no estaban para caldo con tantos tropezones ni por el recocido puchero de los ancianitos franquistas, ni siquiera por la sopa de caridad de los cristianos de siempre democratizados para el evento. El elector prefirió el menú largo y estrecho de Suárez, pero cocinado medio crudo y trufado de huesos traidores emboscados en el potingue, y al final se condenó al plato único socialista: lentejas. 

En todo caso, aquella luminosa galaxia se enfrió el 16-J. Hoy apenas llega un resplandor del Big crash. El aceite de los más o menos dos centenares de lámparas votivas se ha ido consumiendo en diversas batallas: la OTAN, las bases norteamericanas, las reconversiones, el racismo, el Sahara, la guerra del Golfo, Cuba... En fin, lo que reveló que eran inútiles tantas siglas fue la quiebra del abastecedor, el socialismo real. Juntaron los restos de combustible y alumbraron un débil movimiento ciudadano, dispuesto a ser conciencia a todas horas.

No obstante, Maastricht, el Nuevo Orden, las guerras que nos esperan, continúan alimentando la utopía; incluso si se agota en tantos frentes como hay abiertos, sus cenizas tendrán sentido. Lo dijo Quevedo y es mucho más de lo que pueden decir estrellas fundidas antes de lucir: el PDR de Roca: de su oscuridad inicial no queda ni la sombra.

20 agosto 2015

Los orígenes del nombre de Dios

Resultaría cuanto menos problemático conocer cuál, de las tres religiones abrahámicas, ha aportado más Dios al volcán de Oriente Medio y a su erupción más reciente, la guerra del Golfo. 

El nuevo libro de Manu Leguineche desarrolla una extensa crónicamosaico, en la que se plantea una aproximación a la zona más inmediata de confrontación abierta por los hacedores del viejo y nuevo desorden mundial, de sus pretensiones, cruzadas, de uniformización planetaria y de las confusas cuando no desquiciadas respuestas del mundo árabe a esa renovada intrusión occidental. Lo hace desde el periodismo, desde un largo quehacer profesional que le permite mezclar lo vivido y viajado por él mismo a lo aprehendido en el fárrago informativo internacional de datos, de noticias, y también de una nada desdeñable dosis de propaganda, de manipulaciones e incluso de una subyacente y generalizada tendenciosidad ideológica.

El recorrido, sabiamente fragmentado, por la geografía e historia reciente del mundo árabe y musulmán da como resultado una lectura amena, interesada y nada fatigosa. El libro aporta, en primer lugar, un vasto acopio de datos y anécdotas que el autor sabe ensamblar dentro de un gran fresco impresionista en el que se entremezclan aspectos superficiales junto a otros determinantes de la crisis que vive la zona así como del accionar del poder norteamericano. Sabe priorizar lo descriptivo sobre lo analítico e interpretativo, procura una objetividad informativa aunque algunas veces se tiña de escepticismo y otras se deje llevar por un respeto excesivo hacia los modos de información estadounidense y a sus márgenes de credibilidad. Hay, sin embargo, en el texto una abundante y puntual información crítica del comportamiento de los medios durante la guerra del Golfo, sobre su cesión de autonomía y sobre su manejo totalizante por el ejército norteamericano. 

Es tal vez el aspecto más personal del libro. Leguineche se carga de nostalgia, se adhiere a un pasado que continúa siendo el suyo propio, ligado a la galaxia Gutemberg, a una prensa escrita y a un periodismo independiente queha estado silenciándose, acondicionándose progresivamente desde la derrota estadounidense en Vietnam. Manu Leguineche ha sido visitante asiduo de los países árabes y musulmanes y tiene mucho de institución en la prensa española. La duda, la barrera entre saber periodístico y conocimiento de los pueblos es algo que se desdibuja con la experiencia y los años. Es su caso. Los tics ligados a la cadena taxistas, hoteles, embajada, funcionarios, prensa, se han resquebrajado hace tiempo; las estancias en la zona durante crisis políticas y militares, por su frecuencia, han adquirido carta de cotidianeidad reflejada en multitud de pasaportes; los hábitos de información, conocimiento y seguimiento de los medios han pasado a ser deformación profesional. 

Todo ese saber estar y saber ver, ese exceso de informaciones, dosificadas, se refleja en las páginas del libro y lo hacen atractivo para un lector interesado. Al tiempo, esa dosificación se plantea desde una óptica racionalizadora, de discreta sensatez occidentalizante, superficializa de alguna manera el tema y soslaya la variante «fanoniana» a las crisis del Sur, especialmente del mundo árabe. .

Nana Leguineche, de manera pormenorizada, las vicisitudes de una guerra que conmocionó al mundo; sabe ilustrar, si no las razones o sinrazones últimas del conflicto, sí aquellos factores decisivos y visibles que motivaron la mayor movilización militar de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial; reconstruye momentos y personajes claves de un mundo árabe roto en el tiempo y en el espacio, entre sus ansias, siempre frustradas, de independencia real y la esquizofrenia producto de una inconclusa situación colonial: deseos generalizados y proyectos de unidad política y cultural chocando de continuo con una fragmentada presencia de estados locales con diferentes y contradictorias fórmulas de gobierno; colisión también entre islotes de riqueza en un entorno de miseria; intentos reiterados y fracasados de imposición de los modos políticos occidentales y emergencia cultural de lo religioso, del Islám, como última seña de identidad frente a la doble intrusión del norte, hoy unificada. 

El libro de Manu Leguineche, junto a sus virtudes literarias, de fresco abierto a un mundo árabe complejo, desganado y agredido, tiene algo de conjuro, de racionalización, ante un terror innominado y difuso para el europeo, en el que algunos podrían encontrar similitudes con los orígenes primigenios del nombre de Dios.

13 agosto 2015

Las marranas del cine español

Un envoltorio galáctico para un contenido de película. Una carpa geodésica de metal y plástico es el marco en el que se ha instalado el recuerdo de la ya reciclada sala Olimpia madrileña, que a partir de hoy recibirá al público que quiera visitar la «Historia del cine español», en el Centro Cultural Conde Duque. La exposición, organizada por el Consorcio de Madrid Capital Cultural, quiere rendir homenaje a casi un siglo de cine español (18961992) desde la óptica más común, que es la del propio espectador. 

Así, el visitante entrará en la gran nave diseñada por Jose Ramón García Inchorbe, flanqueada por los enormes tacones que en su día transportaron la gloria de la «troupe» Almodóvar tras Tacones lejanos, para introducirse en la galaxia del celuloide. Escurriéndose tras su pantalla, deslumbrado por el parpadeo de una luz estroboscópica que crea el efecto del cinematógrafo, el espectador penetrará en un sendero con no pocos apeaderos y vericuetos. 

Tras una situación cronológica colocada en ordenados paneles como al tiempo corresponde, la historia del cine español, seleccionada por el profesor Emilio García Fernández, se estructura en sorprendentes pero fieles capítulos que no corresponden, como cabría imaginar, a los géneros de este séptimo arte. La clasificación, a falta de una producción nacional variada y rica en todos y cada uno de los géneros, responde a titulares como niños prodigio del cine español, sala de montaje de la vieja Escuela Oficial de Cinematografría, superproducciones extranjeras rodadas en España, salón de maquillaje... 

Un total de 3.000 diapositivas proyectadas en varios diaporamas a lo largo del recorrido, piezas de «arqueología» rescatadas de la antigua escuela, de la Filmoteca Nacional y de colecciones particulares, materiales de escenografía de películas recientes y escenarios expresamente diseñados para la ocasión configuran los distintos espacios. En su distribución no se ha querido primar ningún tipo de cine ni director o actor alguno, aunque quizá sea la comedia el género más definido y que más ha perdurado a lo largo de la historia de nuestro cine. 

Musicales, leyendas épicas, dramas costumbristas o de cine negro y hasta la nota picante: una pantalla erótica tras la que se camuflan una taquilla de vestuario y un rudimentario corcho sobre el que cuelgan los fetiches de cualquier amante del cine X, completan el recorrido de esta «Historia del cine español», que podrá contemplarse a partir de hoy y hasta finales del próximo mes de junio.

06 agosto 2015

Bernhard un grande entre los grandes

Para quien no esté más o menos familiarizado con la obra del autor, o lo lea por primera vez, el acceso a los contenidos profundos de este libro no es sencillo. Se trata, una vez más, de una mirada terriblemente lúcida, muchas veces cruel, sobre la sociedad y el hombre, la vida y la muerte, la historia y la naturaleza; y, una vez más también, de un lenguaje cuya belleza estilística lleva al discurso a unas alturas expresivas que muy pocos escritores alcanzan, quiero decir, sólo los verdaderamente grandes. 

En Thomas Bernhard, lo que dice y la forma en que lo hace tienen la misma importancia. Intención y sonido se contrapesan permanentemente para crear esa fascinación que le ha valido la difusión universal de que goza. El verdadero fondo de su obra es la forma. Durante la lectura, uno puede ir eligiendo entre sonido e intención, saltando de uno a otro. 

Y este libro, como todos los suyos, admite esas lecturas diferentes. Por eso cometen un grave error quienes confunden a este autor con sus temas, que siempre son los mismos. Thomas Bernhard no es ni «patológico», ni «pesimista», ni «amargado», como suele afirmarse superficialmente, de la misma manera que no lo es Kafka. Es simplemente lúcido y dice la verdad con «verosimilitud». 

Y, como dice Borges de Kafka, Thomas Bernhard puede ser parte de la memoria humana. Los «personajes» de este texto son entre otros un profesor, un catedrático, una señorita, un perro, un hostelero, una cantante. Los «hechos» que se narran son fragmentos de la realidad, sin orden aparente ni cronologías claras; como si sucedieran en la ingravidez del espacio; suben y bajan, aparecen y desaparecen, se reiteran, como en la realidad matemática de la música, que es el ingrediente más importante en la obra de Thomas Bernhard. 

Hay una situación madre, que es la presencia más o menos velada de un hospital, y existe también en las proximidades un manicomio cuyos pensionistas se visibilizan brevemente en esta fragmentación de un fragmento del mundo que nos muestra Bernhard. Y todo sucede en las alturas del espacio, sin abajos ni arribas, donde cada personaje es una especie de galaxia, en un escenario caótico donde sólo el discurso es ordenado. 

El lector puede elegir, pues, una de las dos lecturas, la de la intención o la del sonido, o mezclarlas según necesidades. La de la intención, por sí sola, conduce a la angustia bernhardiana; la otra, al puro goce estético de un texto admirablemente traducido por Miguel Sáenz, traductor asimismo de todo lo de Bernhard conocido en español.

30 julio 2015

Benetton entre los favoritos del podium

En los entrenamientos llevados a cabo en el circuito italiano de Imola, Senna no dudó un instante en acudir al box de Williams y tener una charla de más de media hora con el inválido Frank Williams, queriendo dar de esa forma un serio aviso, a McLaren y Honda, sobre sus intenciones de cara a 1993.

Senna termina su contrato con McLaren al final de esta temporada, y el brasileño es un hombre que siempre quiere tener una máquina ganadora, lo cual no es su caso ahora mismo, y no duda en provocar los celos de su «patrón» y de Honda para hacer que reaccionen y le den de nuevo un monoplaza capaz de ganar carreras, que es lo que él busca. Mientras Senna hablaba con Frank Williams, a la vista de todos, Riccardo Patrese rodaba por la pista italiana, mostrándose el piloto más rápido de estos entrenamientos privados, en los que no fue seguido de cerca ni por los McLaren, ni por los Ferrari. Estos, al mismo tiempo, realizaron intensas pruebas, destinadas sobre todo a dar fiabilidad a su motor, en su' versión del año 92, primer paso pata poder comenzar a trabajar en el desarrollo del chásis, que al igual que el de McLaren tampoco se ha mostrado demasiado competitivo en estos primeros compases de la temporada. 

El problema de McLaren y de Ferrari quizás no sea tanto que sus monoplazas estén mal concebidos, sino que el. Williams, como dijo Senna en Brasil, «está en otra galaxia», y de esa forma pone en evidencia a los equipos tradicionalmente favoritos para el mundial. La batalla por el título no ha hecho más que empezar y a pesar de la ventaja que llevan los Williams-Renault, en este equipo no se confían y el fabricante francés de motores ha preparado ya una nueva versión de su motor de diez cilindros, que será estrenada oficialmente en los entrenamientos del Gran Premio de España, aunque ya se han llevado a cabo pruebas en algunos de los más importantes circuitos europeos. Este nuevo motor será utilizado tan sólo en los entrenamientos y para ello Mansell y Patrese disponen en los boxes de Montmeló de dos monoplazas cada uno. Tradicionalmente, el primer G.P. disputado en Europa es muy pródigo en novedades, y en esta ocasión podremos ver en el español los nuevos monoplazas de Minardi y Benetton. 

Este último equipo, con el alemán Schumacher a la cabeza, se ha mostrado la revelación de la temporada, sobre todo por haber relegado a Ferrari y McLaren al papel de meros comparsas en cada carrera. Schumacher, con el Benetton del año pasado, ha sido capaz de situarse por delante de los McLaren y Ferrari, luchando con ellos y batiéndolos de manera muy contundente. El nuevo Benetton B192, con una aerodinámica distinta a la del anterior, será de nuevo uno de los favoritos al podio, que ya ha ocupado en las dos últimas carreras celebradas este año.

23 julio 2015

Como ver la cara de Dios

El lanzamiento del Explorador del Fondo Cósmico, un pequeño satélite más conocido por sus siglas inglesas COBE, pasó muy desapercibido en los medios generales de comunicación. A simple vista, su misión parecía mucho menos espectacular que la de sus «primos», el Telescopio Hubble, o el gigantesco GRO, que debían estudiar el fondo de microondas, el susurro cósmico que los científicos creen que es el eco de la Gran Explosión que proporcionó su energía al Universo. 

En sus primeros nueve minutos de vida activa, en diciembre de 1989, COBE determinó con una precisión inigualable la temperatura de esta radiación (2.735 sobre el cero absoluto, unos cien millones de veces más frío que una vela de cumpleaños) y, más importante aún, que la intensidad de esta radiación no variaba cualquiera que fuera la dirección del Universo en que se midiera. Esto supuso una importante confirmación para el modelo estándar del Big Bang: el Cosmos surgió de una explosión totalmente uniforme de materia y energía, hace 15.000 millones de años.

Actualmente, el Universo no es uniforme. Disperso por él están las galaxias, las estrellas y, al menos, un sistema planetario completo, el nuestro. Los astrónomos disponen de grandes mapas que reflejan la distribución de galaxias y cúmulos de galaxias. A una escala enorme, el Universo parece adoptar la forma de colosales filamentos formados por galaxias brillantes entrelazados en torno a grandes volúmenes de espacio vacío. Esta estructura ha tardado tiempo en formarse. Los astrónomos ven galaxias ardiendo con los fuegos de las primeras y azules estrellas cuando el Universo sólo tenía 1.000 millones de años. Y más allá, cerca del límite observable, aparecen los cuásares (galaxias primitivas) que generan energía de forma salvaje. 

Según COBE, 300.000 años después del Big Bang, el Universo era uniforme, con variaciones en su densidad por debajo de una parte en 10.000. Antes de esta fecha, la energía era el elemento dominante, después y hasta hoy, lo es la materia. Y aquí está el problema. Para que se forme una galaxia, debemos disponer de irregularidades en la materia lo suficientemente importantes para que su gravedad atraiga a otras partículas de su entorno. Se produce entonces un efecto «bola de nieve»: a medida que crecen las irregularidades, mayor es su gravedad y más materia atraen, hasta que se convierten en galaxias. Hasta ahora, los astrónomos no sabían cómo el Universo había pasado del estado uniforme (que podemos denominar la «era COBE») hasta su situación actual, con la materia arracimada en bloques. ¿De dónde surgieron las irregularidades que dieron nacimiento a las galaxias? 

Los científicos confían en el Big Bang porque hace tres predicciones que se cumplen en el Cosmos, y que ninguna otra teoría puede explicar: la expansión del Universo, la cantidad de elementos ligeros (de bajo peso atómico) a partir de la que nacieron las primeras estrellas y la radiación de fondo que baña el Universo a 3 grados sobre cero absoluto. Es decir, explica espectacularmente los primeros instantes del Universo, pero se detiene antes de decirnos cómo, a partir de ese estado inicial, evoluciona hasta su estado actual. Esto significa que el Big Bang no es una buena cosmología (una teoría de todo): hay un «eslabón perdido», una desconocida «era de la formación de las galaxias». A través de este hueco, han atacado los (pocos) científicos que creían que existe un fallo fundamental en el modelo de la Gran Explosión. 

Estos son los partidarios de la teoría del Estado Estacionario (según la cual no hubo un momento inicial, sino que la materia se va creando a medida que el Universo se expande) o de la Cosmología del Plasma (que afirman que la fuerza dominante del Universo no es la gravedad, sino el electromagnetismo). En ayuda del Big Bang han venido diversas teorías, como la de la «materia oscura fría». Esta es una teoría del nacimiento de la estructura (es decir, las galaxias), según la cual al menos el 80% del Cosmos temprano estaba formado por alguna forma de «materia oscura» (que no emite luz y sólo es detectable por su influencia gravitatoria) desconocida, pero que podrían ser partículas elementales tan exóticas como los axiones, los fotinos o los gravitones. La principal característica de esta materia oscura es que es «fría», que en términos físicos significa que se mueve muy lentamente. Tan lentamente que la gravedad que generan puede detenerlas y hacer caer sus partículas unas sobre otras, dando nacimiento a la irregularidad que evolucionará en forma de galaxia.

Se han realizado simulaciones por ordenador en las que a partir de una masa uniforme dominada por la materia oscura fría se llegaba al estado actual del Cosmos. Desgraciadamente, la otra característica de la materia oscura (precisamente el ser eso, oscura), la hace extremadamente difícil de detectar. Los partidarios de la cosmología del plasma, por ejemplo, tenían sus propias simulaciones por ordenador, mediante las que se puede explicar el estado actual del Cosmos. Varias teorías estaban sobre la mesa y se hacía necesario que la experimentación y la observación, las grandes armas de la ciencia, decidieran entre ellas. Y al parecer, una vez más, la balanza se ha inclinado de nuevo en favor del Big Bang. Hace un par de días, la NASA anunciaba que el satélite COBE había descubierto «rizos» de materia superpuestos sobre la radiación de fondo, tal y como era hace 300.000 años. 

Al parecer, poco tiempo después de que la materia se hiciera dominante, comenzaron a aparecer irregularidades en el borde del Universo. Estas irregularidades aparecen como enormes nubes de materia (de 500 millones de añosluz de longitud y más) rodeadas por materia ligeramente menos densa. Todo parece indicar que estamos contemplando el comienzo del nacimiento de las galaxias y que el Big Bang ha superado uno de sus mayores escollos. 

¿Cuál es el origen de estos «rizos de densidad»? Aún es pronto para afirmarlo, pero las primeras estimaciones parecen inclinarse a favor del modelo de la materia oscura fría, pero ciertos modelos alternativos (como el llamado «arribaabajo», en el que se forman colosales nubes que se desgajan en pequeñas piezas, las galaxias) aún pueden tener algo que decir. Ciertos científicos ya han llamado a la cautela. Aún está reciente el caso de los «planetaspúlsar», que resultaron estar originados por un fallo instrumental. El descubrimiento de COBE parece ser más fiable. Esperemos que así sea, ya que, como algunos científicos afirmaron al conocer la noticia, sería «como ver la cara a Dios».

26 mayo 2015

Plácico, Pavarotti y Carreras en su concierto hortera

En honor de Carreras, Domingo y Pavarotti, que dieron un concierto hortera y apoteósico el pasado sábado, penúltimo día del Mundial de Italia, los corrieres de la sera hablan de «la noche de los agudos más bellos del mundo». Estos italianos no saben lo que se dicen, según mi amiga la Susi. Para agudos, los de Solchaga cuando se puso caballé en la reunión del comité federal del partiprí y alborotó la platea. Bravísima como una callas de orgullo y de pasión, a Solchaga le estalló el sentimiento lamermoor y reclamó para su labor, en el informe de gestión, honores de gran diva. 

A Solchaga las cuentas no le cuadran ni a la de tres, y ni la Susi ni yo nos cansaremos de repetirlo, pero, como diría cualquier brunilda en trance nibelungo, chata, por presumir que no quede. Naturalmente, Txiki Benegas dio rienda suelta a su impulso kiritekanawa (anda, hijo, dice la Susi, «kas» que no te falten) y gorjeó que el informe es un primor, por mucho que Solchaga se desmelene cual traviata entrometida. Fue entonces cuando Solchaga dijo aquello tan butterfly de: «Si mi querido compañero Benegas no lo ve, yo no puedo llevar la luz a sus ojos». Sublime. 

Los melómanos mortales no nos can saremos de aplaudir. Por supuesto, no le llegó a la suela del zapato la muy empastada intervención de Luis Yañez, con su incurable afición a exponerse como guapa riaccarelli, y que volvio a largar, antigua como el picú, el aria del encontronazo. 

Así que reconocerán que la Susi tiene razón. Los agudos verbeneros de esos tres tenorcetes asilvestrados que igual destrozan cielitolindos que occiciornias son nada, puros ladridos, en comparación con los encajes de voz, afilados como puñales, que se marcan nuestros ínclitos felipecónsules cuando se sienten sopranos. Dramática y temperamental, quizás un poco gorda, pero nimbada por la plata santoral de su cabello (los arrebatos líricos son de la Susi, que conste), la imagen gorgoritera de Solchaga animando la quermés con el chorro de su voz, flagelando a los fígaros puritani con su solo protestón, basta para arrasar en el bel canto. 

Claro que tampoco se puede desmerecer la voz dulzaina, remanguillé y kiwi de Txiki Benegas, extasiada a las primeras de cambio en un tremolo sostenuto, un poco revenido como el dogma del partido, pero en cualquier caso muy conmovedor. Y ya puestos a jalear, apreciemos también en lo que vale, si es que vale algo, la matraca donnamobile de Luis Yañez que, a lo mejor, acaba descubriéndose a sí mismo. ¿No andábamos quejándonos de que el partiprí es una monserga japonesa en la que nadie levanta medio tono la voz? 

Pues aquí está Solchaga desgañitándose y desgañitando medeas en este guirigay de agudos. Que siga el espectáculo. Porque yo no sé si el felipismo, dice la Susi, entusiasmada, dará en arena de verona o en termas de caracalla. Ojalá. Pero ya es algo, beibi, que empiece a convertirse en una jaula de grillos.