04 septiembre 2017

Nicole Kidman antes de descubrir el bótox

Detrás de un tirano siempre hay una mujer… sonriendo. Este podría ser el lema de buena parte de la Historia de la Humanidad. Las primeras damas de los sátapras, de los dictadores más extremos han sido, o al menos lo han intentado, las grandes relaciones públicas de los gobiernos de sus maridos. El caso más reciente es el de Asma Al Assad, la esposa del actual presidente de Siria, Bashar Al Assad, en la palestra por llevar hasta límites casi cómicos –si no hubiera un trasfondo de tragedia– ese esfuerzo por dar una imagen de normalidad y de bondad en un momento en el que quizá un buen relaciones públicas haría todo lo contrario.

A algunas presidentas como Eva Perón les fue bien, a otras señoras de dirigentes, caso de María Antonieta, no tanto, ya saben. Los suyos son algunos nombres con los que se relaciona a esta mujer de 38 años, de una familia de la alta burguesía siria que pasó toda su infancia expatriada en Londres (su padre era cardiólogo y su madre, diplomática), licenciada por el prestigioso King’s College y ejecutiva de banca. Una dama con estilo, delgada, que hasta se da un aire con la Nicole Kidman de antes de descubrir el bótox y que, efectivamente, parece una actriz de Hollywood en las fotos que sube a su Facebook o a su perfil en Instragram, donde aparece sirviendo comida a los más desfavorecidos de su país o cogiendo en brazos a niños durante alguna visita benéfica. No son pocos los que la defienden en esas mismas redes sociales, expresando bendiciones para su familia o llamándola Rosa del Desierto, aunque tampoco son menos quienes le dedican frases del tipo "Estás casada con Satán" o incluyen enlaces a páginas en las que se muestra a niños muertos en las últimas revueltas del país, presuntamente a causa de los ataques con armas químicas de los que se culpa al despótico gobernante.

Las voces más críticas van más allá al afirmar que no solo es que intente aparentar normalidad cuando la situación es ya insostenible, sino que, cual María Antonieta, la señora Al Assad vive totalmente ajena a las desgracias de su pueblo y es capaz de gastar decenas de miles de dólares en joyas o pasarse el día comprando zapatos de Louboutin y modelitos de Chanel, sus dos marcas favoritas. O que mientras los muertos caen en las calles de su país, ella se entretiene encargando muebles en Harrod’s, un dato que salió a la luz hace unos meses tras publicarse correos electrónicos privados de Asma, según el diario británico Daily Telegraph.

M.E, una relaciones públicas que prefiere mantenerse en el anonimato porque ha trabajado con políticos y músicos y la discreción es uno de sus valores, asegura que ella jamás habría aconsejado a un cliente mostrar semejantes fotografías en un perfil social. "Resulta evidente que está mal asesorada. Esas instantáneas pueden tener su sentido cuando, como ocurría hasta hace poco, no habían salido a la luz determinadas actuaciones del Gobierno sirio y se pretendía dar una imagen de modernidad o de occidentalidad, algo para lo que Asma era perfecta: cosmopolita, elegante, ajena a ese barroquismo tan de la alta sociedad del Medio Oriente, absolutamente sobria, como sacada de Chelsea… Pero cuando ya todo ha trascendido públicamente, hay que afrontar los hechos y mantener un perfil bajo. Yo le habría aconsejado no publicar nada, desaparecer de la vida pública. Determinadas fotos o determinada indumentaria pueden parecer una provocación. Cuando es evidente que tu pueblo está pasando una situación crítica, aparentar normalidad resulta contraproducente", asegura la experta.

METÁFORA SOCIAL. Hay quien ha especulado sobre si Asma forma parte activa de las decisiones de su marido o si, simplemente, como apunta el escritor Andrew Tabler, autor de varios libros sobre Siria, "está refugiada en Damasco y apoyando a su hombre". De todas formas, tampoco hay que ser muy avispado para darse cuenta de la evolución de la imagen pública de Asma, que ha dado un giro de 180 grados en los últimos tres años, justo después de las revueltas de la Primavera Árabe. Y no solo por ella, sino por cómo los medios occidentales reflejan a esta primera dama, que conoció al que sería su marido cuando él estudiaba Oftalmología en Londres (se casaron en 2000), un retrato que para algunos es una especie de metáfora de las relaciones entre Estados Unidos y Siria.

Uno de los datos más significativos de todo lo relacionado con Asma es la historia de la entrevista que le hizo la edición estadounidense de la revista Vogue en 2017, toda una peripecia que parece sacada de una película de James Bond. El resumen superficial sería así: después de unos años sin encuentros con la prensa, la primera dama siria contrata una empresa de relaciones públicasde prestigio, Brown Lloyd James, que le recomienda que sea más accesible a los medios y la instruye a la hora de presentarse y qué imagen dar. En realidad no le haría falta, según explicaría más tarde Joan Juliet Buck, la periodista que le entrevistó para la citada publicación, que cuenta cómo su puesta en escena fue la perfecta para la representante de un país que, en aquellos momentos (estamos hablamos de 2017), pretendía dar una imagen de apertura y modernidad.

"Asma Al Assad trasmitía una imagen de mujer cercana y sencilla. Una chica mona de 35 años, vestida con una americana azul celeste y unos pantalones oscuros. Su pelo ondulado estaba perfectamente peinado; sus ojos marrón oscuros, delineados al estilo de maquillaje sirio. (…) Su voz sonaba como la de una chica inglesa que puedes encontrarte comiendo en la mesa de al lado en la cafetería de Harvey Nichols". Tal fue la impresión de la entrevistadora cuando la dama la recibió en su despacho. A Buck, una periodista especializada en temas culturales que nunca había cubierto cuestiones políticas, se le pidió que explicara cómo es ser la primera dama de "un país controvertido", con las pertinentes cuñas sobre sus labores filantrópicas. La profesional, que es judía, se niega en principio: no quiere entrevistar a la esposa del presidente de, entre otras cosas, un país abiertamente contrario a la política de Israel, aunque finalmente acepta. La entrevista se publica en el número de marzo de 2017, pero a los pocos días desaparece de la edición digital de la revista y de la Red en general. Justo en esos momentos, explota la Primavera Árabe en los países del Magreb. Y hasta ahí es todo lo que se sabe del embrollo durante un tiempo.

Hace un par de meses, sin embargo, las tornas cambian de repente. La entrevista de marras vuelve a ser noticia: la redactora ha sido despedida de Vogue, donde llevaba trabajando casi 30 años. El texto se publica entonces íntegro en algunas páginas y blogs de Internet (basta con teclear en cualquier buscador Vogue interview Asma Al Assad para que aparezca la versión completa, algo que antes del verano era impensable) y Buck cuenta su historia con absoluto detalle en Newsweek. Lo cierto es que ni la entrevista es tan escandalosa ni deja en tan mal lugar a los Assad, ni siquiera el relato del making of, de los días que la redactora pasó en Siria, resulta tan terrorífico como ella anunciaba. Cualquier reportero que haya estado en un país de Oriente Medio, con un Gobierno digamos no del todo democrático, sabe que está vigilado y que los Servicios de Seguridad lo tienen controlado a cada paso. 

En realidad, su relato de lo sucedido resulta incluso un poco pueril. El hecho de que le pongan una especie de dama de compañía –que, aparentemente, forma parte del personal de los servicios de espionaje sirios–, o que el embajador de Francia se deshaga de la batería de su móvil y le haga quitar la del suyo para poder hablar tranquilos y que justo en ese instante aparezca la espía llamada Sherezade... Sí, vale, demuestra que Siria no es un Estado que respeta las libertades, claro que ese detalle ya se sabía cuando la periodista fue allí a cumplir su misión. Vamos, que lo raro hubiera sido que no hubieran registrado la habitación de su hotel o que no tuviera un GPS o un micrófono pegado al culo para controlar sus movimientos y sus conversaciones durante su estancia.

Para el caso, hay quien ve demasiada tendenciosidad en el repentino acceso a la entrevista de Vogue y en el relato de Buck. Diarios como The Washington Post, por ejemplo, señalan hechos como que la editora del Vogue americano, la todopoderosa Anna Wintour, fuera una de las grandes aliadas en las campañas presidenciales de Barack Obama, amén de su influencia a la hora de nombrar embajadores de Estados Unidos en Gran Bretaña o en Francia. La lectura es fácil: aunque extraoficialmente Wintour está estrechamente ligada a la política exterior de su país, un detalle que explica por qué antes de la Primavera Arabe, justo después de que Estados Unidos reanudara relaciones con Siria y enviara un embajador en 2017, Vogue decidió publicar una entrevista con la primera dama siria, y que al año siguiente, cuando comenzaron los conflictos en el país, decidiera borrarla de la Red. Y ahora, cuando EEUU se plantea la intervención armada en el país, la entrevista vuelva a ser accesible a todo el mundo y la autora cuenta su historia... ¿No son demasiadas coincidencias?

Quizá de toda la intrahistoria de Buck, el dato más significativo sea aquel que se desprende del relato de su llegada a casa de los Assad, esa familia feliz siria: Asma le dice que su hijo mayor, de nueve años, le ha preguntado "qué hace esa señora allí" y ella le ha contado que es una periodista que viene a contar cómo es ella. "¿Y qué va a decir?", pregunta entonces el chaval. "No lo sé", responde su madre, a lo que la inocente criatura replica: "¿Y cómo permites que vaya a escribir sobre ti si no sabes lo que va a decir?".

Maria Antonieta, Evita Perón, Carmen Polo, Imelda Marcos, Elena Ceausescu … El papel de Asma Al Assad puede que aún no esté claro y posiblemente nunca sabremos qué pasa realmente por la cabeza de la presidenta siria que en la famosa entrevista ya advirtió que ella nunca ha dejado de manejar las estrategias de la obtención de beneficios. Se lo advirtió a su entrevistadora al despedirse: "Soy banquera, no lo olvides".

12 agosto 2017

Las caras inexpresivas

«Me horrorizan las caras inexpresivas», dice Blanca Romero, uniéndose así al grupo de actrices en cruzada contra el bótox que abanderan bellezones como las inglesas Kate Winslet o Emma Thompson. La asturiana, que ha vuelto al cine tras su segunda maternidad con 'Fin', película donde comparte protagonismo con el 'top' Andrés Velencoso, es una firme defensora de la cosmética, no solo para estar guapa, sino para sentirse bien en su piel. Lo más importante.

Aunque dice que ya no es el pibón que era a los 16 años, viendo el cuerpo que luce a los dos meses de dar a luz a Martín, lo ponemos en duda. Pero sí creemos a pie juntillas que se encuentre, como asegura, mejor que nunca a sus 36 años. 

Ella nos presenta en este número los 15 mejores productos de belleza del año, votados en nuestra web y en los centros de El Corte Inglés de toda España. Cada uno de los 168 candidatos hubieran merecido un premio, las votaciones han sido emocionantes, muy muy reñidas, pero en cada categoría ha convertido a uno en líder.

Hay otras personas que se sienten bien aunque cuesta más entender el porqué. No me refiero a quienes se privan del placer de aplicarse una buena crema o aspirar un perfume exquisito. Sino a los que renuncian al sexo pese a vivir en pareja. Son hombres y mujeres treintañeros que lo consideran una molestia innecesaria. «Ni con mi marido ni con nadie», dice en estas páginas Victoria, una doctora que hace 13 años optó por acostarse todos los días sola. En una creciente sexualización de la sociedad, hay quien se sale por la tangente.

... y esta semana os recomiendo

Un espectáculo de danza
Hace un par de años me traje a casa el cártel de Los Ballets de Montecarlo que mostraban esta imagen tan insólita e impactante. Ahora, es la que anuncia el espectáculo de la Compagnie Marie Chouinard, programado dentro de Madrid en Danza (del 5 al 25 de noviembre).
No perderse esta exposición
Aunque hemos visto sus maravillosas piezas reproducidas en esta revista y otros medios, merece la pena disfrutar en vivo y en directo de la majestuosidad de las joyas de El arte de Cartier, como este collar que perteneció a la actriz mexicana María Félix (Museo Thyssen, hasta el 17 de febrero).

04 julio 2017

La sonrisa es una poderosa herramienta

La sonrisa es una poderosa herramienta, útil en todas las situaciones. Abre puertas, derrite muros de hielo, reconforta corazones y, por si no fuera suficiente, también rejuvenece. No lo digo por resultar amable, tiene base científica. Lo aseguró uno de los más prestigiosos expertos en bótox y retoques de este país, el dermatólogo Ricardo Ruiz, en la apertura de la jornada de Belleza sin Cirugía: «Una sonrisa crea una mejor primera impresión que no tener arrugas». Qué buena noticia, porque es gratis, no duele, no tiene efectos secundarios ni caducidad. Otra afirmación suya me dejó un poco más perpleja: «El alcohol aumenta la percepción de la belleza». Pues también se explican muchas cosas…

De todo lo que se dijo en este interesantísimo encuentro, del que encontraréis información en este número, me quedo aquí con las frases de sentido común porque pronunciadas por médicos que se ganan la vida jeringa en mano, no por gurús del yoga y la espiritualidad, tienen más peso en el enloquecido mundo del todo por la imagen: «Hay que envejecer con elegancia y discreción, y cada uno lo hace a su manera», opina el doctor Ruiz, que huye de los rostros clonados por la estética. O «hay tantas dietas como endocrinos», bromea Basilio Moreno, jefe de Endocrinología y Nutrición del Hospital Gregorio Marañón, irónico sobre la multiplicación de regímenes absurdos y estudios de nutrición cuando menos sorprendentes, como el que concluye que a mayor consumo de chocolate negro, más posibilidades de ganar un Premio Nobel. ¿Será verdad? Bueno, por si acaso, seguiré con mi onza diaria.

En estas fechas, ya se sabe, siempre toca ponerse el delantal. Pero este año, lo vamos a hacer también fuera de casa, en un comedor social que nos recibe con los brazos abiertos para darnos la oportunidad de compartir, escuchar y dar voz a quienes la crisis ha golpeado más fuerte. Ha funcionado el 'connecting people': 'Yo Dona + diseñadores de moda españoles + Carrefour + Grupo Mahou San Miguel = alimentos' y una comida de Navidad especial servida por el 'staff' y amigos de la revista. Puedes hacerte con uno de estos delantales, así seguiremos sumando cifras a esta acción solidaria. Solo nos faltas tú.

... y esta semana os recomiendo
Un delantal especial
El importe íntegro de su venta (110 euros, c.u.) irá destinado al comedor social de la Orden de Malta, en Madrid. Te costará elegir el tuyo, porque los 12 mandiles diseñados por los creadores de moda españoles son extraordinarios. Y solo existe una pieza por modelo.
Los buenos, los bonitos y los baratos
Porque todos están en la Guía Metrópoli comer y beber en Madrid. Si todavía no tienes elegido el restaurante donde celebrar las múltiples reuniones de estas fiestas, echa mano de esta biblia del auténtico gourmet. Ya está en el quiosco (11,90 euros) y en la app para iPhone.

07 junio 2017

Mujeres sometidas al a tiranía de la belleza

Las españolas estamos especialmente preocupadas por nuestra imagen. Aparte de las cifras de intervenciones de cirugía estética (casi 400.000 al año), las encuestas dicen que somos las europeas más coquetas. Un reciente estudio del portal eDarling llegó a la conclusión de que somos las que más importancia damos al cuidado de nuestra imagen: gastamos entre 20 y 25 euros al mes en productos para el cuerpo. En el mismo sentido, la marca Serum7 llegó a esta curiosa conclusión en su informe Nuevos hábitos de belleza: casi la mitad de las españolas prefieren recortar sus gastos en ropa que limitar su presupuesto en cosméticos.

La actriz Carla Nieto reconoce sin tapujos que su rostro le ha abierto las puertas del cine y la televisión, pero cree que no hay que olvidar que lo esencial no es el aspecto físico. Myriam G. Yébenes vive rodeada de mujeres que acuden a su instituto de belleza en busca del rostro joven y perfecto. Cada una le otorga una importancia bien distinta al atractivo externo.

¿La belleza mueve el mundo?
No. Nunca el aspecto físico debe resultar lo más importante en la vida de una persona, considerar que la imagen externa juega un papel tan determinante puede resultar perjudicial. Debes sentirte lo mejor posible dentro de tu cuerpo.
MyriaYo, que me dedico profesionalmente al mundo de la belleza, observo que si al levantarte te sientes bella se produce una felicidad que se transmite al resto de las parcelas de tu vida.

¿El cuidado de uno mismo se ha convertido en muchos casos en obsesión?
Tengo que reconocer que hay personas ofuscadas con el espejo pero, por mi experiencia, pienso que son una minoría. La mayoría desea cuidarse y recibir asesoramiento para sentirse mejor, pero sin fanatismo.
Yo analizaré lo que está pasando en mi terreno, porque creo que se puede extrapolar a otros ámbitos. En el mundo de la interpretación observo esa fijación por alcanzar la perfección física. Existe una gran cantidad de personas que dan prioridad a lo externo y se olvidan de lo esencial, interpretar bien.

Pero Carla, ¿no crees que eso sucede porque si no respondes a unos cánones se te puede llegar a excluir profesionalmente?
Efectivamente, hoy se valora que seas guapa y, además, sexy. No entiendo cómo algo que es un regalo de la naturaleza prima tanto y se deja de lado lo que cada uno consigue día a día con su esfuerzo, el estudio o el trabajo.
El atractivo lo conforma un todo en el que entra también la personalidad, una sonrisa puede iluminar un rostro. Si eres bella pero muy desagradable, pierdes parte del encanto. Claro, que si eres fea y antipática, ahí tienes un problema.

Pero hay quien escapa a esa tiranía. A mi alrededor tengo casos cercanos de personas que, sin poseer un cuerpo o una cara 10 han destacado como profesionales.
Se señala a veces a los medios de comunicación como los culpables de mostrar imágenes de mujeres poco reales y fomentar esa búsqueda de la perfección.
Cuando era adolescente se produjo la explosión de los casos de bulimia y anorexia, y ya se culpaba a los medios de esa plaga. La sociedad es de una manera y los periodistas lo único que hacen es reflejar lo que ocurre en ella.

No los exonero de toda la culpa, pero pienso que los verdaderos responsables de inculcar los valores en las chicas son los padres. A mí me han educado para que estudiara y no pensara que mi belleza me iba a abrir ninguna puerta.
Hay muy mala formación en este terreno. Si nos enseñaran a cuidarnos desde pequeñas llegaríamos a la madurez en mejor estado.
Jamás recibí de mi madre una consigna para que me pusiera una crema, se preocupó más de que me formara en otros aspectos. El hecho de que ella restara importancia al físico me ha beneficiado a la larga.

¿Se nos exigen a las mujeres sacrificios titánicos para acercarnos al ideal de belleza?
Esa palabra, sacrificio, es la que utilizan mis amigas cuando me ven comer de una forma sana y frugal. Cada día tomo una cucharadita de aceite orgánico para mejorar mi piel y evito el trigo, porque me sienta mal. Para mí estos hábitos no resultan duros de cumplir, creo que esa es la clave, que lo que hagas no te suponga un esfuerzo.
Pues imagina si yo cuento mis rituales diarios. En la cara utilizo una crema inteligente, leche limpiadora, tónico, contorno de ojos, ampollas de soja, sérum, una hidratante y el maquillaje. En el cuerpo, sérum, loción reafirmante y un glicólico. Diariamente, mañana y noche. Si conviertes estos gestos en rutinas no resulta nada latoso.

Soy mucho más vaga, solo utilizo una crema hidratante y duermo con un sujetador especial para que no me salgan arrugas en el pecho. Y a veces me doy sesiones de oxígeno. Nadie debe sentirse culpable si no tiene en su casa mil botes de crema, aunque sea difícil resistirse al bombardeo de mensajes para comprar productos.

¿Y creemos que los cosméticos pueden producir milagros?
Existen dos tipos de mujeres, las que se crean demasiadas expectativas (y piensan que con un tratamiento van a rejuvenecer cinco años) y quienes son realistas. Hay que dejar claro que con constancia, buenos profesionales asesorándote y excelentes productos puedes mejorar mucho.

A todos nos iría mejor si nos dijeran que los milagros no existen y que cuanto antes te mentalices para estar a gusto con tu rostro y cuerpo, mejor.
Tenemos exceso de información y la gente está muy confundida.
Hay que usar un poco la cabeza y tener criterio propio. Cada vez se extiende más la figura del gurú que te guía sobre lo que tienes que comer o la mascarilla sin la que no puedes vivir. Hay que evitar caer en esas trampas.

Y por vuestra propia experiencia, ¿hay algún tratamiento de belleza que recomendaríais sin dudarlo?
Me reconozco una enamorada del bótox, me lo pongo desde los 25 años y no puedo entender la mala fama que tiene; yo me lo inyecto y no se nota. Y los tratamientos con radiofrecuencia son excelentes para reafirmar.
Para mí, el mejor cosmético es una buena alimentación, porque te vuelve bella por fuera y por dentro, mejora la cabeza y el cuerpo.

En el fondo, ¿todos los tratamientos de belleza nos venden una quimera, la búsqueda de la eterna juventud?
Yo he hecho un pacto conmigo misma para evitar la presión que sentimos las mujeres. Voy a intentar aparentar siempre la edad que tengo
Pero no hay que negarse a mejorar. Es imposible que una mujer de 50 años no tenga arrugas, aunque se puede acabar con la flacidez.
En esta sesión habéis posado ante la cámara de Alfonso Ohnur; si de vosotras dependiera, ¿utilizaríais el photoshop para mejorar vuestra imagen?
No, de ninguna manera, prefiero mostrarme como soy.
Yo prefiero algún retoque, ¡un poquito, por favor! (Risas.)

 "Para mí el mejor cosmético es una buena alimentación."
Carla Nieto
"Me reconozco una enamorada del bótox. Me lo pongo desde los 25 años."
Myriam Yébenes

20 mayo 2017

La vejez vuelve a las personas transparentes

Despierta miedo. A la vejez se asocia la idea del deterioro y la muerte, en una sociedad donde el mito de la eterna juventud niega el paso del tiempo. Las personas no quieren envejecer y los propios viejos no quieren serlo. Pero en 2050 la mitad de la población en España será mayor de 55 años, lo que la convertirá posiblemente en el país más envejecido del mundo, por delante de Italia y Austria, e incluso de China. Vemos la vejez como algo peyorativo y tenemos cientos de prejuicios y estereotipos, tanto los jóvenes hacia los mayores, como estos sobre sí mismos. Durante años hemos usado la palabra viejo como algo negativo: la vieja de matemáticas, el viejo verde… Como si ser mayor fuera una ofensa per se... Asistimos a un bombardeo permanente de imágenes que nos instan a transformar el cuerpo en objeto de un culto obsesivo. Ser bellos, con éxito y siempre jóvenes es casi el paradigma de felicidad en nuestra vida cotidiana. Un conocido cantautor dice muy acertadament«No le quite años a su vida, póngale vida a los años».

Lola Herrera y Eva García Sáenz son la cara y el reverso de una misma moneda. La primera, veterana actriz, tiene 77 años y sigue siendo tan hiperactiva que, además de trabajar en el teatro, ha creado una línea de moda que ella misma diseña. Se define a sí misma como una vieja y está orgullosa de serlo. Eva, en cambio tiene 40 años y es madre de dos niños pequeños. Ha escrito un libro en el que sus protagonistas tienen miles de años, pero a ella le aterra la idea de padecer cualquier enfermedad degenerativa que le impida cuidar de los suyos. Eso sí, le angustia mucho más no tener siquiera la posibilidad de llegar a la tercera edad.

¿La vejez tiene mala prensa en nuestra cultura?
¡Malísima! Cuando llega nos volvemos transparentes y la gente no nos ve. Ser viejo es fatal, hay que ser joven siempre. ¡Con lo poco que dura la juventud!
Eva: En nuestra sociedad hay un afán de ocultarla. Solo se muestra lo joven, lo bello y lo efímero.

¿Hay una madurez psicológica independientemente de la física?
Es cuestión de actitud. Hay gente joven derrotista, que se aferra a sus ideas y no está dispuesta a cambiar, y se convierten en viejos prematuros. Y hay personas de 70 años que se ponen el uniforme mental de ancianos y se quejan por todo.

No estoy de acuerdo. Es posible que haya gente que tenga que ponerse ese uniforme, pero no porque ellos quieran, sino porque los aparcan. Yo soy vieja y creo que el mundo que me rodea no me deja expresarme. A los viejos se nos va aislando, aunque no es mi caso.

Cremas antiedad, cirugía estética para parar el paso del tiempo... ¿Estáis a favor o en contra?
Limitar la belleza a la juventud me parece de una pobreza tremenda. Las caras surcadas de arrugas reflejan la vida, pero nuestra sociedad no lo acepta, de ahí el auge del bótox y de las operaciones estéticas. Estoy en contra del exceso. No tiene sentido que la gente empiece a parecerse sin ser familia y tenga una cara rara.

Estoy de acuerdo. Para eliminar las arrugas estamos llegando a un grado de fealdad extremo, con esos rostros completamente artificiales carentes de personalidad.
¿Llamar 'viejo' a alguien se ha convertido en una ofensa?
A quienes quiero los llamo abuelos y, en general, gente mayor. Solo digo ancianos a partir de 90 años, y nunca viejos. El término está muy denostado y aprecio un matiz peyorativo.

A mí me parece mucho más bonito decir viejo que tercera edad. Soy muy de Valladolid y, como buena castellana, creo que hay que llamar a las cosas por su nombre. Se puede decir que una persona es muy mayor, muy muy mayor, muy muy muy mayor… Pero yo uso la palabra viejo.

Todos queremos una vida larga, pero nadie quiere llegar a viejo. ¿Es porque se asocia con la muerte?
Son términos que se confunden. Yo estuve a punto de morir hace un año, con casi 40, y es angustioso pensar que todo se acaba, sobre todo por tus hijos.
Soy consciente de que me queda menos tiempo de vida e intento aprovecharlo. La muerte es una perfecta desconocida y ahora le tengo solamente respeto, pero tuve que hacer una larga terapia, porque me horrorizaba hablar de ella. Nací con fórceps, con la clavícula rota y llena de arañazos, y no me quiero morir asustada también.

¿Da también miedo perder potencia sexual o lozanía?
¿Sexo? ¿Qué es eso? (Risas.) El sexo es importante en un momento determinado, pero está aparcado de mi vida por decisión propia; me da mucho más miedo el declive físico o mental.
Todo lo relacionado con el sexo se ha mitificado. Lo que me da pavor es que pueda llegar un momento en que mi marido o mis hijos tengan que hacérmelo todo. Cuando mi abuela murió de Alzheimer yo era jovencita, vi ese declive y me impresionó mucho.

Entonces, ¿hay que temer o no a la vejez?
Es algo natural. De la misma forma que tienes que aprender a andar y a hablar cuando eres pequeña, ahora debes descubrir cómo administrar el tiempo y las energías, porque se van mermando. Si tienes buena cabeza, hay un territorio maravilloso para volar y alimentarte de lo que no puedes hacer físicamente.
Me da miedo no llegar a vieja, pero también el declive físico y la muerte.

¿Son invisibles los mayores en los medios de comunicación?
Solo se hacen visibles para hablar de las pensiones. Cuando sale en televisión una ministra y habla de que los jubilados tienen que pagar los medicamentos, pero dice que equivale solo a un café, pienso: «¡No sabes que a lo mejor no puede tomarse ni un solo café!». Tengo una tía que cobra 370 euros. ¡Cómo va a vivir con eso!

Completad la frashay que envejecer con….
Dignidad.
Inteligencia.
Cuando tenemos 30 años decimos: «¡Qué joven el de 20!». A los 60: «¡Qué joven el de 40!». ¿El que no se consuela es porque no quiere?
¡Veo a mucha gente joven por la que no me cambiaría ni loca! Bueno, no lo haría por nadie, ni joven ni viejo. Se entiende mejor la vida cuando has vivido.
Tampoco yo volvería a los 20 o a los 30. Mis experiencias, buenas y malas, me hicieron crecer y madurar, y soy fruto de lo que he vivido.
¿Se aprende a hacerse mayor?
Depende de las familias. Enseguida se ve cuando hay padres que han enseñado a sus hijos a respetar y cuidar de sus mayores. Pero, en general, es una experiencia personal e intransferible y, además, solitaria.

Ahora es mucho más solitaria que antes. La vida es un toma y daca, y deberíamos devolver a nuestros mayores lo que nos han aportado desde que éramos pequeños. Tendríamos que ser más agradecidos con los viejos de nuestra propia familia.
¿Cómo veríamos esta etapa si viviésemos más?
Con los años se acentúan los rasgos de nuestro carácter. En lo bueno y en lo malo. Yo sigo siendo hiperactiva y hago mil cosas, pero con más serenidad. Por ejemplo, me tranquiliza mucho oír el ruido de las olas en casa; eso es lo que llamo refugio mental.

"Si tienes buena cabeza, hay un territorio maravilloso para volar y alimentarte de lo que no puedes hacer físicamente."

"Me da miedo no llegar a vieja, pero también el declive físico y la muerte."

10 abril 2017

El velo es necesario para todas las mujeres

Me cuenta la fotógrafa yemení Boushra Almutawakel (Saná, 1969) que los días siguen siendo inciertos en su país, en su ciudad natal. En las calles, la rutina ha vuelto a instalarse con su habitual ajetreo, pero los continuos sucesos violentos en tiempos que aún se dicen de paz no dejan que la inquietud se apee de las caras de los adultos. Atentados terroristas de Al Qaeda (el último, el pasado 19 de julio); rebelión de jefes militares que se oponen al Gobierno; ataques de los rebeldes huthis (rama zaidí del Islam que a su vez procede del chiísmo y es contraria al salafismo); secuestros, como el de un agente de seguridad de la Embajada italiana el pasado 29 de julio...

Aunque hace ya meses que cesaron los bombardeos y disparos de la celebrada Primavera Yemení, y a pesar de que la población reclama una solución urgente para la pobreza del país, más que reivindicaciones políticas, aún silban balas y corre la sangre de civiles y militares. La pobreza es el caldo perfecto para el integrismo y extremistas de Al Qaeda en fuga se han instalado en zonas del sur que, durante la revolución, pasaron del control del Gobierno yemení a manos de las milicias islamistas. La inestabilidad militar de un país que se quiere ejemplo político para Siria (o, al menos, así lo propone la política exterior estadounidense) podría amargar el dulce a la diplomacia internacional.

Tras varias guerras civiles, Yemen alcanzó su estatus de república unificada en 1994. Sin embargo, la contienda ha sido una constante para la población de este país desde casi siempre, al oscilar entre la independencia y la sumisión a Egipto, Imperio Otomano, Portugal, Arabia Saudí, Gran Bretaña... Por no hablar de las frecuentes guerras internas. Así, una región considerada una de las cunas de la Humanidad, que fue la rica Saba, centro mundial del comercio de especies, y cuyo subsuelo aún contiene notables reservas de petróleo y gas natural, es hoy una de las más pobres entre los países árabes. Ali Abdullah Saleh, presidente de Yemen del Norte desde 1978 y del Yemen reunificado a partir de 1990, no supo llevar la prosperidad a un país de cultura y hospitalidad legendaria, y tras meses de violencia cedió el poder a su adjunto Abdo Rabbo Mansour, que hoy lidera un gobierno de transición política de dos años, elegido democráticamente el pasado febrero. En él recaen las esperanzas de una reconstrucción que se ha hecho esperar siglos.

Desde su casa en Saná, capital con algo más de dos millones de habitantes, ciudad universitaria y sede del Gobierno, Boushra es testigo privilegiada de acontecimientos que tienen en vilo a toda la zona. Y no sólo por la posición de su marido, un prestigioso economista que ha llegado a viceministro de Finanzas, sino por su propia formación (ha sido educada en Europa y Estados Unidos) y equidistante punto de vista. En su discurso, la reforma económica es prioridad: se estima que el 44% de la población de Yemen -unas 10 millones de personas- está malnutrida, y que cinco millones requieren de asistencia inmediata. Los trabajadores humanitarios la llaman una tragedia silente: hay más hambre en Yemen que en el África Subsahariana. Sin embargo, en la sensibilidad internacional puede más el hecho de que Yemen sea considerado un refugio de Al Qaeda que la hambruna que asola a la población. Hablamos, primero, de la llamada revolución rosa.

¿Qué ha sido de aquel primer impulso reformador?
Al comienzo de la Primavera árabe, después de que Ben Ali dimitiera en Túnez y comenzaran las protestas para deponer a Mubarak en Egipto, yo estaba emocionadísima, literalmente pegada a la tele. Fue maravilloso ver cómo la manifestación colectiva y las redes sociales podían con unos líderes formidables, casi todopoderosos. Hicieron lo inimaginable. Luego empezaron aquí las primeras y tímidas manifestaciones de los estudiantes, demandando más calidad de vida, más derechos. El movimiento creció, se hizo grande y complicado, y los enfrentamientos con la autoridad trajeron la muerte de civiles. Pero las reivindicaciones juveniles fueron secuestradas por los políticos para justificar la destrucción del país y llenar su agenda. Obligaron a Yemen a arrodillarse social y económicamente. Soportamos un año dificilísimo, sin electricidad, con cortes de gasolina, gas, agua; con el precio de los alimentos cada vez más alto y un enorme paro; infinidad de personas sin techo y pobreza por todas partes. La juventud quería acabar con los 33 años de régimen de Ali Abdallah Saleh, y con razón, pero creo que fueron cortos de vista y dejaron que los partidos de oposición la utilizaran para alcanzar el poder. Necesitan conducirse con más inteligencia y elaborar un plan a largo plazo: tener claros sus objetivos, una plataforma concreta y líderes que les representen. Deben formar parte del Gobierno para lograr un cambio. Al final, los jóvenes que comenzaron la revolución están marginados, tienen muy poca influencia.

¿Cómo la viviste?
Fui feliz al votar en el referendum de Abdo Rabbo Mansour: sentí que unía a los yemeníes en la dirección del cambio. Logró conciliar a personas que estaban en bandos opuestos. Lo que Yemen necesita es una evolución interna. Librarse del líder fue un primer paso honesto, pero también fácil, a pesar del alto precio que pagamos por él. Hemos pasado por un periodo muy duro y todo el mundo ha sufrido. Mi marido, mis cuatro hijas y yo dormimos en la misma habitación durante meses porque las niñas no soportaban el ruido de los disparos y los bombardeos.

¿Cuál es tu punto de vista acerca de la situación y de las necesidades de tu país?
Desde las elecciones del 21 de febrero, todo se ha calmado considerablemente. Tenemos electricidad y casi normalidad. Antes de la revolución, Yemen ya sufría una gran crisis económica. Entonces solíamos pensar que las cosas no podían ir a peor, pero lo hicieron. Ahora, aunque aún tenemos los mismos problemas, al menos tenemos electricidad y no hay bombardeos ni disparos. Eso es algo que apreciamos verdaderamente. Lo que los yemeníes quieren es trabajo, servicios básicos como un sistema de salud decente, educación, agua corriente, electricidad y el imperio de la ley. Cosas que solo conseguirá una reforma económica que necesitamos con urgencia. Y más jóvenes y mujeres deberían ser incluidos en la toma de decisiones políticas.

Has confesado que la revolución bloqueó tu instinto creativo. ¿Cómo afectó a tu familia y trabajo?
No fue tanto la revolución en sí como sus efectos colaterales, la permanente división en bandos de la gente. Allá donde ibas, las conversaciones estaban cargadas de política. Todo el mundo quería tener razón. El aire estaba tenso, lleno de electricidad, y hasta caminábamos con miedo. No sabíamos qué iba a pasar, cuándo o a quién. Fueron tiempos terroríficos e incómodos. No podía ser creativa cuando debía esconderme con mis hijas bajo una mesa durante un bombardeo. O cuando tenía que inventarme historias para hacerles creer que no pasaba nada. De hecho, encuentro fascinante que esos días hayan inspirado a muchos de mis colegas, especialmente a aquellos que fotografiaron los enfrentamientos. Fui a la plaza Taghier y, aunque pasé miedo, especialmente cuando vi a los heridos que llegaban al hospital de campaña, hice fotos. Ninguna era demasiado buena.

¿Alguna vez has pensado en abandonar tu país?
Sí, pero aquí me tienes. Mi familia y amigos están aquí, y necesito su apoyo para poder cuidar de mis cuatro hijos y, a la vez, disponer de mi propio espacio para respirar y recargar mi energía. Amo Yemen y pertenezco a esta tierra. Es cierto que a veces necesito un respiro, pero es mi casa y siempre lo será. Siento que soy necesaria aquí y que aquí es donde mi labor puede tener algún impacto.

¿Qué piensas acerca del papel de la mujer en los acontecimientos que están afectando a tu país?
Creo que han jugado un papel crucial en marcar la diferencia e impulsar un cambio. Muchos líderes de la revolución son mujeres: Amal Basha, la Nobel de la Paz Tawakkul Karman, Bushra Almaktari, Gabool y Radhia Almutawakel, Rahma Hugaira... Hay muchos activistas, pero las mujeres destacan. Durante la jornada electoral, me hizo muy feliz ver a un gran número de ellas que acudían a votar. Las yemeníes son fuertes y comprometidas, y ciudadanas muy activas. Pueden jugar un papel relevante no ya en la revolución, sino en la subsiguiente evolución de Yemen. Por desgracia, la mayoría de los hombres, especialmente aquellos que detentan el poder, no ven la importancia de incluirlas en el Gobierno o en la toma de decisiones políticas. Sin embargo, sé que las mujeres yemeníes no van a esperar su aprobación.

Boushra sigue viviendo en el hogar familiar, herencia de su padre. Casada con un economista que ha tenido responsabilidad en el Gobierno, tiene cuatro hijas que se las arreglan para monopolizar casi todo su tiempo. Su vida, aparentemente muy tradicional, choca con sus ideas, firmemente arraigadas en el progreso y en la apertura de cuotas de poder a minorías, ansiosa por comprobar los mecanismos de lo nuevo. Su educación en Egipto, Estados Unidos y Francia ha dejado huella en ella: a pesar de que su padre hubiera querido que se quedara en casa, las actividades políticas de su progenitor obligaron a la familia a viajar. Boushra incluso se las arregló para cursar Empresariales, aunque fuera acompañada de su hermano. 

Durante la carrera hizo sus pinitos en el blanco y negro, y la fotografía llenó el lugar destinado a las pasiones que duran toda una vida. A su regreso a Yemen, logró un empleo como asesora educativa, se casó, tuvo hijos y se convirtió en la primera fotógrafa profesional yemení. En 1997 dejó su empleo para dedicarse solo a disparar. «En realidad, no diría que me dedico a la fotografía, sino a mis niñas y a mi familia. Amo todas las formas de arte. Me hubiera gustado ser pintora, pero la fotografía estaba más a mi alcance. Admiro todas las formas de comunicación, de contar una historia: cine, multimedia, artes gráficas, música... Doy gracias por haber descubierto al menos una, y espero tener la oportunidad de probar otras. Estoy deseando experimentar con la multimedia. Quiero jugar con otros medios.»

¿Cómo es el día a día de una mujer y fotógrafa en Yemen?
Ahora ya es algo común, pero durante muchos años no supe de ninguna otra fotógrafa en mi país. Hoy, cada vez hay más jóvenes fotógrafas, como Amira Alsharif, Eman Alawami o Bushra Al-Fusail. Y ya cuentan con un impresionante trabajo. Muchas de ellas han cubierto la revolución y realmente admiro su coraje, su pasión y su perseverancia. Mi vida es agotadora, frenética, atareada, pero llena de diversión, risas y bromas. Normalmente me levanto a las 6, despierto a las niñas, las baño y las visto para llevarlas a la escuela. Por suerte, tengo a alguien que me ayuda con todo eso y, a veces, también mi marido lo hace. Mientras están en el colegio, dispongo de algunas horas para hacer recados, la colada, la compra, hacer un poco de ejercicio o trabajar. A las 12, recojo a mis gemelas de tres años que, si tengo suerte, duermen una siesta. Otro hueco para mí hasta que nos reunimos todos a comer. Por la tarde, vigilo sus deberes, jugamos un rato en el jardín, vemos la tele, cenamos y a la cama a las 8. Antes de que se duerman charlamos un rato o les leo algún cuento. Y por fin me quedo sola para cenar, charlar con mi marido, hacer algunas llamadas o contestar emails. El mayor reto diario al que me enfrento es despertar a las niñas por la mañana y meterlas en la cama por las noches: se resisten bastante.

Tienes una educación occidental... ¿Cómo fue tu proceso de adaptación a una sociedad tan distinta? ¿Fue dura la vuelta?
He pasado la mayor parte de mi vida entre Yemen y Estados Unidos, aunque también he vivido en Egipto y Francia. De los seis a los 11 años estudié en un colegio privado americano. A mi regreso a Yemen me llevó un tiempo acostumbrarme, quizá también porque mi madre es muy conservadora... Volví a Estados Unidos para estudiar en la universidad, pero al terminar los estudios no me apetecía mucho volver a mi país que, además, acababa de pasar una guerra civil (1994). Esta vuelta sí que me costó mucho más... Estuve meses deprimida y lo único que hacía era leer en la cama. Se me pasó cuando conseguí un trabajo y comencé a desarrollar mis inclinaciones artísticas... Me establecí, logré una fantástica vida social y todo se suavizó bastante.

¿Qué aspectos debería ajustar una mujer occidental para integrarse en la vida de Saná?
Los relacionados con el vestir y la vida social. Debería vestirse modesta y de manera conservadora. También tendría que acostumbrarse a que la observaran mucho más y a tener mucho cuidado en la manera en que interactuara con los hombres, especialmente en público. La vida social yemení es mucho más segregada: los hombres con los hombres y las mujeres con las mujeres. Aunque ella, al ser occidental, tendría acceso a ambos sexos. Es algo que sí se acepta. Probablemente se sorprendería mucho con la amabilidad, la generosidad y la calidez de los yemeníes.

¿Tratas de cambiar el estado de cosas a través de tus fotos o simplemente te concentras en mostrar una imagen de tu país que se aproxime más a la realidad que muchas de las imágenes estereotipadas que nos llegan?
Me encantaría proclamar que yo puedo hacer algo por el cambio, pero creo eso es algo que lleva tiempo. Mi única intención es arrojar alguna luz al respecto de mis propias preocupaciones y de las de otras mujeres, como el velo, la maternidad, la igualdad, la educación... Con la esperanza de contribuir al debate y la conversación que, muy lentamente, hagan avanzar este proceso de cambio.

¿Sientes la necesidad de militar en las causas feministas a través de tu trabajo?
Me han dicho que algunas de mis imágenes tienen cierta energía agresiva, pero jamás he querido, al menos conscientemente, que fueran militantes. Simplemente expreso lo que siento. Si algunas personas las perciben como militantes, lo acepto como una de las muchas interpretaciones de mi trabajo.

Su trabajo, como la misma revolución rosa, propone una revolución pacífica y desde el amor al país y a sus costumbres. En su ánimo está luchar contra esa visión romántica, idealizada, de la mujer de Oriente Medio, retratada como una criatura exótica y misteriosa. Las mujeres de Boushra son madres y, aunque representadas en la muñeca Fulla (la Barbie musulmana), trabajan, estudian y ejercen profesiones tradicionalmente adscritas a los varones, como la Medicina, vestidas con abayas, hiyabs o niqab o baltu. 

Su aproximación a los distintos tipos de vestimenta documenta cómo las mujeres de Yemen han ido cubriendo su cuerpo durante los últimos años, pero jamás mostrándolas como víctimas de cierto tipo de represión indumentaria, sino poniendo de relieve las contradicciones que se producen entre la mujer que lo lleva (que puede estar profusamente maquillada o incluso hacer guiños cómicos desde la única parte de su cuerpo que deja ver: los ojos) y su significancia política. El sentido del humor abre la puerta del cuestionamiento: si el velo es una máscara para la mujer yemení, más lo es en los ojos del espectador occidental, que apenas puede ver más allá de un trozo de tela. Y aunque la narración de Boushra no puede salirse de los límites que impone la tradición de su país (el cuerpo está, siempre, vedado), contiene la carga de profundidad necesaria para poner en tela de juicio el discurso masculino dominante sin que el establishment acabe de tenerlo meridianamente claro. «Soy una mujer árabe musulmana que lleva hiyab en su país, pero que tiene sentimientos encontrados al respecto que necesita expresar, compartir y discutir. Comencé a trabajar en el velo en la facultad, en Estados Unidos. Los horribles atentados del 11 de septiembre tuvieron un efecto tan negativo en la percepción del Islam y de los musulmanes en todo el mundo... El velo se convirtió en un símbolo icónico, en un tópico complejísimo de múltiples capas.»

¿Por qué crees que nos da tanto miedo?
Creo que viene de la ignorancia y los malentendidos que encienden y desencadenan los medios de comunicación. Árabes y musulmanes han sido retratados como peligrosos y, sobre todo, después del 11 de septiembre, como imprevisibles terroristas. Lo que ocurrió fue una tragedia, pero no todos los musulmanes deben ser juzgados por las acciones de unos pocos criminales manipulados. Tememos lo que no entendemos. Si más europeos y árabes se conocieran mutuamente a un nivel más humano, habría un entendimiento mayor. En este sentido, creo que es una vergüenza que la obsesión con el hiyab impida a los occidentales conocer a las personas que lo llevan. El velo es una excusa para no ver a las mujeres.

Occidente ve en el velo musulmán una máscara, pero quizá desde el otro lado sabéis captar con más claridad la máscara, invisible, que muchas de nosotras nos vemos obligadas a llevar...

Sí, ya lo dijo la conocida feminista Nawal Elsadawi... Tanto el hiyab aquí como el maquillaje, el bótox o la cirugía plástica allí cumplen con un mismo papel: ocultar nuestro auténtico yo. Siento que en el moderno mundo occidental las mujeres viven en una prisión. Quieren satisfacer todas las expectativas que se depositan en ellas, y son tan poco realistas... Las mujeres quieren todo: trabajo, amor, matrimonio, niños, dinero, éxito, juventud eterna, inteligencia; quieren estar siempre a la moda, y ser bellas y delgadas. Todas estas exigencias absolutamente imposibles son, además, impuestas por corporaciones mayoritariamente dirigidas por hombres. Ellas son vistas como objetos sexuales para el placer masculino y convertidas en objetos en las revistas, las películas, la publicidad. ¡No queda espacio para las mujeres reales, las que deben conciliar trabajo y familia, las que se quedan cortas a la hora de satisfacer todas esas demandas, las que no son suficientemente buenas ni suficientemente guapas! En realidad, se trata de imponernos necesidades que no lo son. En Yemen, la vida es mucho más lenta. Y gracias al reto que supone el día a día por la falta de servicios básicos, soy más capaz de enfocar lo que es importante y de vivir mi vida según mis propias reglas. Hace solo unos pocos años, no teníamos televisión con satélite ni internet, y la vida parecía aún más real. Por desgracia, estamos importando la cultural occidental. Ojalá pudiéramos coger solo lo bueno y deshechar el resto.

¿Por qué nos aferramos las mujeres a nuestros respectivos velos?
En Occidente, creo que es debido a la enorme presión que se ejerce sobre ellas, y quizás a que tratan de demostrar que son tan buenas como los hombres o incluso mejores, que pueden tenerlo y hacerlo todo. Aquí, creo que operan valores culturales y religiosos que están profundamente arraigados. Es la norma. A este respecto, creo que muchas mujeres no cuestionan lo que les inculcan en casa o en el colegio, simplemente lo aceptan. Rara vez nos enseñan a cuestionar o desafiar las creencias con las que crecemos.

¿Ves semejanzas entre las cuestiones que preocupan a las mujeres occidentales y orientales?
Sí, todas queremos llevar una vida con sentido, feliz, justa, igualitaria. Poder ser fieles a nuestras pasiones, mantener relaciones significativas y ejercer trabajos que nos llenen. Casarnos o tener pareja, niños, y asegurar que nuestra familia tenga una vida sana y salva. Y marcar una diferencia en la comunidad y en el mundo.

¿Qué tipo de velo usáis tú y tus hijas?
Normalmente llevo un pañuelo y una larga túnica negra llamada abaya. Es la norma en esta sociedad: todo el mundo viste así. Y me sentiría extraña si no me pusiera el hiyab (el velo que tapa cabeza y cuello) cuando salgo de casa. Hay mujeres que usan el niqab, con solo sus ojos al descubierto; otras llevan el hiyab con un sitara, una pieza de tela estampada con distintos diseños que cubre todo el cuerpo. Mi hija pequeña tiene ocho años y aún no lleva el hiyab. Ni siquiera he pensado cómo voy a lidiar con este asunto cuando sea adolescente... Supongo que, en un mundo ideal, dejaría que ella tomara la decisión.

06 marzo 2017

La chica perfecta

Es un mito antiquísimo, una reliquia que ha sobrevivido desde Ovidio y su libro Las metamorfosis hasta hoy, aguantando carros y carretas: cuenta la mitología que Pigmalión fue un rey chipriota que se negaba a casarse si no era con la mujer perfecta. Vista la imposibilidad de su existencia, terminó creando una estatua, a la que puso de nombre Galatea, que se convirtió en humana gracias a las artes mágicas de la diosa Afrodita. En la cultura popular, especialmente en el cine, esta leyenda del hombre hacedor de su esposa se ha recogido infinidad de ocasiones: desde el pionero cineasta francés George Melies (1903) hasta Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940), My Fair Lady (George Cuckor, 1964) o Pretty Woman (Garry Marshall, 1990). Mucho antes de estos ejemplos cinematográficos, el más representativo es el de la Eva bíblica, producto de una costilla de Adán. La fuerza de esta fábula es tal que no solo impregna toda la cultura occidental, sino que se ha convertido en una "ley del mercado". Asegura el doctor Luis Rojas Marcos que "la idealización de la mujer delgada está promovida por la industria de la belleza, controlada por hombres y que mueve miles de millones de dólares". Es decir, que aún hoy, miles de años después de la invención de Galatea por parte de Pigmalión, ellos dictan el ideal femenino.

La traducción de asunto tan clásico a la contemporaneidad hay que buscarla en los quirófanos. Reza Vossough, cirujano plástico británico afincado en Berlín (Alemania), eligió a su futura mujer, Cany, una chica absolutamente normal en la treintena, "por su potencial": solo tras ocho operaciones en el pecho, muslos, trasero, barriga, ojos, labios y frente a lo largo de cinco años y 1.600 gramos de silicona, (en total, una inversión de 26.300 euros), quedó satisfecho el doctor Vossough con su creación. Otro ejemplo: el estadounidense Harvey Austin fue reconstruyendo la cara de su mujer, Carol, a lo largo de una docena de operaciones. Todo empezó porque ambos querían lograr que ella tuviera los pómulos de la Linda Evans, de la serie Dinastía. Austin también operó a su madre (bolsas bajo los ojos), a su padre (lifting completo) y a muchos de sus amigos. De hecho, las aficionadas a las intervenciones estéticas (desde el bótox a palabras mayores) saben que la mejor manera de comprobar la pericia de un cirujano pasa por echarle un vistazo a su mujer.

CREADORES PATRIOS. Sin llegar a estos alarmantes extremos, nuestros protagonistas se ganan la vida proponiéndose como una mezcla de modernos pigmaliones, árbitros de la elegancia y sabios del buen vivir. Roberto Torretta llegó a España desde Argentina en 1972 y, desde entonces, no ha dejado de proponer y convencer con su estilo sofisticado y perdurable a mujeres como Carme Chacón, Ana Botella, Cristina Garmendia o María Fitz-James. Es un referente en la Pasarela Cibeles, la Semana de la Moda de Madrid, donde presentan sus colecciones desde 1998. Difícil hallar un hueco en la agenda de Marco Vricella, uno de los cirujanos plásticos más atareados del país, o en la de Martín Giacchetta, entrenador personal de las estrellas (suyo es el cuerpazo que se le ha puesto a la familia Bustamante) y autor del utilísimo Correr, tus pasos hacia el equilibrio (editado por Grijalbo). Y qué decir de Jesús Bejarano, por cuya peluquería madrileña (Next Imagen) y por cuyas manos han pasado prácticamente todas (peina tanto a las celebrities de los premios Goya como a ministras y ejecutivas) y todos.

Es imposible no caer en la tentación de verlos como pequeños Bbonapartes del buen gusto e imaginar a sus mujeres como una extensión, más o menos voluntaria, de su propia idea de la belleza. Culpemos de ello a la infalible fuerza del viejo mito. O al predominio masculino en la elite que define las tendencias estéticas. En nuestra Madrid Fashion Week, por ejemplo, las diseñadoras han venido siendo un fenómeno lateral (baño, lencería), minoritario (María Escoté, Ana Locking) o comercial (Kina Fernández, Juana Martín). Solo Agatha Ruiz de la Prada o Amaya Arzuaga han disputado protagonismo en creatividad y negocio a los hombres. No existen datos acerca de la proporción hombres-mujeres en la práctica de la cirugía estética, pero la impresión es que la balanza se inclina hacia ellos de manera abrumadora. De los 135 cirujanos plásticos que la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre) refiere como asociados de Madrid, solo 35 son mujeres. Otro tanto sucede en el top ten de los mejores peluqueros del país: el ranking está copado por nombres masculinos.

Ellos dictan, está claro. Pero, ¿obedecen ellas? Para los sociólogos, lo hacen (lo hacemos) a pies juntillas. De hecho, la mujer está prácticamente sometida a los dictados del mercado de la belleza y la moda determinados, a su vez, por hombres: "Las prácticas de consumo de la mujer no son espontáneas ni libres, actúan de acuerdo a las normas de respetabilidad que por un lado prohíben el consumo de alimentos y por otro permiten el consumo de bienes lujosos", analiza Vicens Borrás Catalá, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, en su estudio Las desigualdades en el consumo a través del género. "Además, el consumo de determinados bienes de uso individual como la vestimenta y los productos de cosmética, pueden ser vividos más como una carga, como un trabajo, que como un placer, a partir del momento en el que se trata de un consumo de representación social del hombre", añade Borrás. Salvada la cuestión sociológica, hay que admitir que nuestras protagonistas serían unas inconscientes de no admitir el consejo de sus compañeros, verdaderos expertos en cada uno de sus campos. Y, aun así, es fina la línea que separa la decisión propia del convencimiento ajeno.

Lo cierto es que vistas las parejas (observen detenidamente las fotos), las uniones de ambos miembros parecen más que congruentes. Incluso coordinadas. Tal para cual. Carmen Etxebarría, compañera desde hace 35 años del diseñador Roberto Torretta, luce la serena sofisticación y la elegancia atemporal que predica su marido en cada una de sus colecciones. El cuerpo de Sonia Ferrer, madre de una preciosa niña de dos años junto al doctor Vricella, parece esculpido por un experto cirujano (¿acaso su propio esposo?), y lo mismo se puede decir del tipazo de Celeste Carasatorre, novia de nuestro entrenador de celebrities: rebosa la fortaleza y salud marca de la casa. Idéntica sencillez estudiada acompaña la naturalidad sin mácula de Jesús y Amparo, a dos años de su feliz encuentro en Rock in Río.

¿COMPENETRACIÓN O DICTADURA? "Yo parezco la mandona, pero a la hora de la verdad manda él", confiesa Carmen Etxebarría, empresaria (es propietaria de Berlín, la tienda de moda que revolucionó Madrid en los 80 y que ya se ha convertido en un clásico) y estrecha colaboradora de su marido. "A Roberto le debo un 50% de mi estilo. Él es más arriesgado que yo en todo, y cuando llevo algo impactante es porque él ha tomado decisión". "Carmen es una mujer clásica y yo le he dado algunas indicaciones o consejos para que vaya un poco más lejos; por ejemplo, la fuerzo a que use tonos más potentes", admite Torreta. Lo cierto es que ambos viven en una sana relación de competencia donde las tendencias son el centro de su tira y afloja diario, tanto profesional como personal. "Es cierto que discutimos. O, más bien, intercambiamos opiniones. Ella ve las colecciones desde una óptica más comercial y yo, más de pasarela. Ese contraste es buenísimo", explica el diseñador.

Según cuentan, son de esas parejas que se llevan el curro a casa: "Trabajamos juntos para la moda, de la moda y por la moda. Así que estamos constantemente en esa dinámica", afirma Torretta. "Carmen mantiene su criterio, pero me pregunta y me hace muchísimo caso. Igual le propongo un cinturón a la altura de la cintura pero ella lo prefiere a la cadera: yo salgo frustrado y ella, encantada", añade el modisto. Eso sí, la empresaria sabe de su talento y se deja aconsejar por su marido: "Él sabe muy bien lo que yo me puedo poner.... ". La pregunta del millón: ¿serían pareja si no compartieran de alguna manera su interés por la moda y cierto ideal estético? "No lo sé...", admite Torretta. "Quizá en ese caso no fuera tan importante la manera en que Carmen va vestida. De todos modos, es una situación que me cuesta imaginar: la competitividad que mantenemos hace el día a día tan interesante, y es tan productiva...", concluye.

De una pareja de largo recorrido a otra más joven (llevan seis años juntos) aunque muy consolidada y con una niña de dos años. El cirujano italiano Marcos Vricella (46 años) y la presentadora de televisión Sonia Ferrer (35) son la perfecta estampa de la pareja ideal. De hecho, lo fácil es pensar que el esplendor físico de ella se debe, al menos en parte, a las habilidades de él. O que es él quien insiste en hacer de ella una réplica de esa mujer perfecta que está acostumbrado a buscar en la mesa de operaciones. "Es muy incómodo que todo el mundo piense que seguro que me ha operado. Pues no, no me ha operado. En casa del herrero, cuchillo de palo, que se dice... No hace mucho me ha quitado tres lunares y me ha costado tres años que encontrara hueco para mí. Y muchas veces le digo que quiero quitarme la cicatriz de la cesárea, pero él opina que está fenomenal y que se borrará con el tiempo: será porque me la cosió él mismo", señala la presentadora entre risas.

"Es joven y guapísima, no necesita mi ayuda", se justifica Vricella. "A veces, riendo, se queja de que nunca quiero hacerle nada pero, en realidad, sabe perfectamente que soy muy objetivo y se fía de mi juicio", apunta el cirujano. Digamos que, en este caso, él es un dictador..., pero por defecto: "Por supuesto que hemos hablado muchas veces de mi trabajo y de los retoques que las mujeres suelen hacerse a lo largo de su vida. Siempre hemos estado de acuerdo en que, si algún día ella quisiese hacer algo, tendría que quedar un resultado muy natural, en línea con un ideal de belleza nada artificial", explica Vricella. "Le hago mil preguntas porque todo me produce curiosidad. Hasta dónde se puede llegar, qué se estropea con el paso de tiempo... 

Yo cambiaría muchas cosas, pero Marco me dice siempre que esto no es Lourdes. No soy contraria a la cirugía, pero siempre con control. No sé si por haber madurado o por estar al lado de Marco, pero el caso es que me he dado cuenta de que no es la solución a los complejos, ni mucho menos. Lo cierto es que ahora les doy menos importancia. Tiendo a usar menos maquillaje y a la naturalidad... Él me ha dado esa seguridad", revela Sonia Ferrer. "En vez de convertirme en una obsesa de la estética, me ha centrado. En realidad, Marco es bastante conservador, y por eso yo nunca me haría unos pechos o una boca desproporcionados", continúa la presentadora. Él confirma: "Para mí, la belleza ideal en una mujer es un conjunto de proporciones y simetrías, de feminidad y elegancia. Por suerte para mí, encuentro todas estas características en Sonia".

Sin embargo, la duda razonable acerca de sus atractivos físicos pasó por la cabeza de la presentadora cuando se conocieron: "En un principio no me alarmó ni me despertó ninguna curiosidad especial que fuera cirujano estético. Pero conforme fue avanzando la relación, no voy a negar que caí en la tentación de hacer recuento de complejos... De repente, tienes la extraña sensación de que, en vez de pensar en abrazarte, va a fijarse en lo que te operaría...".

UNA UNIÓN MUY FÍSICA. La historia de Martín Giacchetta (35 años) y Celeste Carasatorre (30) está más marcada por la afinidad que por la influencia. Argentinos exiliados en Madrid, ella aún posee un estudio de pilates en su país natal y confiesa que siempre le interesó el deporte, aunque quizá no tanto como ahora. Tras un año al lado del entrenador más popular del país, admite cierto influjo más que bienvenido: "Me ha enseñado a llevar una vida más saludable, básicamente en cuanto a la alimentación: equilibramos cuidado- samente hidratos, proteínas y frutas. Ahora soy más rigurosa, antes comía helados o chocolate más a menudo. También me he acoplado a la actividad física, aunque no hago tanto como él".

¿Se notan los cambios? "¡Claro! Noto su influencia en el aspecto físico: he bajado un poco de peso, he definido musculatura, he tonificado músculos... Además, es bárbaro estar con un entrenador porque no hay que planchar camisas, la vida es relajada y alegre y con menos estrés. No me da nada de pereza ni tengo presión por mantener cierta actividad física, aunque la verdad es que si estuviera con otra persona no haría nada de esto", explica Celeste Carasatorre.

"Mi idea de la mujer ideal se acerca mucho a Celeste", se congratula Giacchetta. "Alguien que comparte mi filosofía de vida sana y que no está contaminada por los valores del consumismo. Estéticamente, tengo la suerte de que siempre se cuidó. Es un poco mito eso de los entrenadores como dictadores del físico, parte del imaginario de la gente, no es real. Celeste puede tomar su vino o podemos compartir un helado cuando queramos. El deporte es salud, no obsesión. Un cuerpazo no se consigue con la obsesión sino cuidándose a lo largo del tiempo. No se trata de machacar, sino de habituarse a una vida saludable. No quisiera trasladar a nadie una obsesión, y menos a alguien a quien quiero mucho", asevera el entrenador personal.

FILOSOFÍA DE VIDA. "¿Se enamoraría Martín Giacchetta de una mujer gordita?", pregunto. "No me molestarían 7 u 8 kilos de más, pero lo que no me gustaría es el sedentarismo absoluto. Un sobrepeso de 20 kilos no sé si me atraería, pero se puede ser superguapa sin estar a tope", responde Giacchetta. "El deporte es una prioridad para nosotros, la elección de una filosofía de vida", concluye Carasatorre. "Y en ello basamos nuestra relación".

Jesús Bejarano (42 años), probablemente el peluquero que más estrellas peina, y su esposa Amparo Macías (35), directora de comunicación y marketing en una firma de cristal y porcelana de Bohemia, se influyen mutuamente: "Ella me aconseja en el área de la comunicación y yo en la estética, aunque me temo que yo soy bastante más rígido en mi criterio", admite Bejarano. "Hombre, yo tampoco diría que soy un pequeño dictador... Pero claro que opino e influyo, aunque siempre desde el respeto. Si tienes credibilidad, enseguida notas receptividad desde el otro lado". Efectivamente: desde la suavidad de los argumentos de peso, Jesús le ha cambiado el look a su esposa, que con gusto se ha "dejado hacer". "Sí, tengo plena confianza porque es uno de los mejores profesionales del país", asiente ella. "Él siempre me ha aconsejado ir más natural, o cuándo debo llevar un recogido. O qué peinado llevar con qué vestido. En general, me ha animado a que me arregle un poco más... Y yo me lo he tomado bien, porque ha sabido cómo decírmelo. Tiene mucha mano izquierda", apunta.

FUERA EL COLOR. "Creo que donde más he influido en ella es en hacer su estilo más sencillo", confirma él. "La verdad es que en cuanto vi una oportunidad de cambiarle el pelo, lo hice. ¡No tarde mucho en proponerle que se pasara por la peluquería! Desde la primera vez que la vi pensé que la podía mejorar: quitarle la enorme cantidad de color que llevaba y hacerle un rubio más natural y brillante".
¿Le gusta que su chica vaya siempre capilarmente perfecta? "¡No!", exclama. "En casa soy muy relajado y nada puntilloso, solo insisto cuando tenemos algún acto o una cita especial...". Menos mal: hasta los gurús del estilo descansan de vez en cuando.