09 febrero 2016

Belén Roca sobrina de Cela

Poco podía imaginar Manuel Longares que con su última obra, Las cuatro esquinas, iba a alzarse con el Premio Francisco Umbral al Libro del año en los primeros años de andadura, cuando dirigía el suplemento de libros del periódico y recibía las visitas del autor de Mortal y rosa, a quien le gustaba oler el ambiente de aquella primera redacción, sita en la calle Sánchez Pacheco, en el madrileño barrio de Prosperidad.

Cosas de la vida, del destino, de las afinidades literarias. Todo se ha conjurado para hermanar los nombres de estos dos seguidores del enorme afluente de la tradición literaria española y de las innovadoras vanguardias; de estos dos seres fascinados por los escenarios y atmósferas de Madrid. Una pasión en la que comparten viaje con otros autores de ayer y de hoy, desde Mesonero Romanos y Corpus Barga hasta Juan Eduardo Zúñiga, pasando por el Cela de La colmena y tantos otros.

Manuel Longares recibió ayer el galardón en un solemne acto celebrado en la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid. Un encuentro social y literario en el que una y otra vez asomó la complicidad. Umbral y Longares, Longares y Umbral, recorriendo juntos los lugares de la memoria, las atmósferas de una capital que transitaron a través de la ficción.

El director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, los aunó a ambos como fundadores del periódico, recordando aquellos inolvidables años en los que Longares dirigió el suplemento de libros, y repasó algunos artículos, extraídos del archivo, en los que el premiado se refirió al autor de Leyenda del César visionario como retratista de Madrid, de sus ambientes urbanos, de sus cotidianidades.

«El próximo mes de agosto se cumplirán cinco años de la muerte de Francisco Umbral y este acto, así como la reciente celebración de un Congreso Internacional, demuestran que su figura y su obra no han dejado de crecer. A ello tenemos que seguir contribuyendo muchas de las personas que él convirtió en personajes de su particular zoo literario», señaló, refiriéndose muy especialmente a Esperanza Aguirre.

«Yo veo que la presidenta de la Comunidad de Madrid se esfuerza en parecerse a la 'super Esperanza' de la que hablaba Umbral. Hasta Rajoy se ha empeñado en cumplir su augurio de convertirse en presidente del Gobierno», señaló. «Si la Fundación logra mantener esta línea de calidad del autor galardonado y de prestigio del jurado, no dudo que el Premio Umbral acabe siendo el Goncourt español», vaticinó Ramírez.

A la historiadora y catedrática Carmen Iglesias, presidenta del jurado que decidió que Las cuatro esquinas (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) era el libro que merecía ser galardonado de la cosecha de 2011, correspondió glosar sus virtudes. Fue el suyo un discurso emocionado que reivindicó el papel de la literatura para llegar a esos espacios interiores, cotidianos, que no aparecen en los manuales de Historia.

«Longares está inmerso en la gran tradición del realismo. Con Las cuatro esquinas he revivido lecturas de mi primera juventud, obras de Max Aub, Arturo Barea o Ramón J. Sender», señaló, aludiendo a la conciencia histórica una y otra vez, «la conciencia de saber que somos herederos de unos antepasados, que la Historia está recorrida por el dolor y que, pese a ello, como decían los griegos, el hombre es más fuerte que el destino y es capaz de seguir adelante».

Iglesias atrajo los relatos de Las cuatro esquinas al espacio de la intrahistoria, rememorando las atmósferas de cada uno de ellos, en conjunto un viaje desde la posguerra a la España de hoy a través de cuatro estaciones. Se refirió al coste de la larguísima posguerra y al dilema entre vencedores y vencidos, entre verdugos y víctimas, temas que aparecen en estas narraciones de Longares.

«Franco murió firmando penas de muerte y esa historia nos ha marcado y sigue marcando el presente», dijo Carmen Iglesias. «Los relatos de Longares hablan de supervivencia, de miedo y de dolor, pero también hay humor y piedad», resaltó, refiriéndose a la capacidad del escritor para sacar a la luz esas heridas personales que no cambian el mundo, pero que sí pueden cambiar la vida de las personas.

La entrega del galardón se convirtió ayer en una celebración luminosa, aunque en gran parte de los discursos se colase la idea de la oscuridad de los tiempos que vivimos. A ello aludió Iglesias a través de su referencia a la capacidad del hombre para superar las tormentas y María España, la compañera de Umbral y presidenta de la Fundación que lleva su nombre, quien en el capítulo de los agradecimientos se refirió al apoyo de la la Comunidad de Madrid y de otras instituciones en momentos de recorte como los actuales.

Las turbulencias del presente fueron citadas también por el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle. «En estos tiempos difíciles es necesario volver al ámbito de la reflexión que nos propone Manuel Longares en sus relatos, aprender de los errores del pasado para no volver a repetirlos, darnos la oportunidad de construir una nación que no se resigne, que mire adelante y que vea en el futuro su propia razón de ser», dijo, emparentando al autor de obras como Romanticismo y La novela del corsé con Joseph Conrad por la capacidad de ambos para demostrar el desasosiego de lo cercano, el abismo de «lo inquietante que está en nosotros mismos».

Del «amor a Madrid como escenario y tema narrativo» en Umbral y Longares habló Esperanza Aguirre, quien alabó la labor de difusión que la Fundación Umbral hace del legado del escritor. A ese legado se refirió también Narciso de Foxá, alcalde de Majadahonda, quien recordó a su vecino ilustre, con quien tantas tertulias compartió. Su ayuntamiento estimuló el galardón en su fase anterior, cuando se valoraba una obra inédita.

Ayer fue el nacimiento de una nueva etapa que quedó sellada con una imagen. Esperanza Aguirre entregando la escultura en bronce de Alberto Corazón a Longares. Éste se limitó a dar las gracias y a rendir homenaje a su amigo, el editor y escritor Carlos Pujol, fallecido recientemente. El acto se cerró con una conversación a tres voces entre él, la catedrática Fanny Rubio y Fernando R. Lafuente, rsponsable de ABC Cultural. Asomaron, cómo no, Umbral y Madrid.

02 febrero 2016

Sonia Ferrer está operada

Formaban una pareja gloriosa: bellos, compenetrados, felices. Una visión olímpica, gracias a un físico tan afilado que casi traslucía los golpes del cincel. 

Sonia Ferrer (35 años), presentadora de televisión sin programa, y Marcos Vricella (39), cirujano plástico con lista de espera, se casaron en agosto de 2007 con la esperanza de que sería para toda la vida. 

Pero la vida tiene razones que el bisturí no entiende, y ni tan siquiera las artes reparadoras de Vricella han podido con el flechazo del mes (¿de la semana?) entre su casi ex y Álvaro Muñoz Escassi (39). Ha sido un trampolín, un trampolín a la fama, el detonante de una separación que, dicen, ya estaba anunciada. Y la química. Mucha química.

Poca ropa y cuerpos de infarto a gran altura son ingredientes más que suficientes para desatar los impulsos, más cuando el ex jinete metido a restaurador (casualmente acaba de inaugurar en Sanchinarro) anda por medio. 

El citado rompecorazones y la comunicadora no dudaron en exhibir su complicidad en forma de abrazos, achuchones y arrumacos mojados, dentro y fuera de la piscina de ¡Mira quién salta! (T5). El feeling en distintos grados de desnudez desató los comentarios y éstos propulsaron sendas separaciones que, en el caso de Sonia, será lo más discreta posible para realizar una transición que afecte lo menos posible a la hija que tiene con Vricella, de casi tres años.

Ella asegura que la decisión estaba tomada antes de que el cloro llegara a su vida y que sus íntimos la conocían de sobra. «No se toma una decisión así porque te cruces con alguien en un programa», ha explicado. De hecho, las únicas palabras directamente referidas al jinete y empresario que han salido de su boca se limitan a un lacónico «es un tío con el que me llevo muy bien». Sin embargo, es innegable el tirón de la pareja de saltos -jamás se habían visto en televisión dos cuerpos más perfectos- y lo mucho que sus polos, opuestos o no, se atraen. Salta a la vista.

Pese a lo que pueda parecer, el perfecto físico que luce la televisiva sirena no se debe a las artes de su próximamente ex marido. Al contrario. Ella misma confesaba a Magazine que era «muy incómodo que todo el mundo pensara que la había operado», y que, en realidad Marcos no quería «hacerle nada». «En casa del herrero, cuchillo de palo, que se dice...», comentaba ella. «No hace mucho me ha quitado tres lunares y me ha costado tres años que encontrara hueco para hacerlo. Y muchas veces le digo que quiero quitarme la cicatriz de la cesárea, pero él opina que está fenomenal y que se borrará con el tiempo: será que me la cosió él mismo».

Ferrer, sin embargo, revelaba que no le haría ascos a unos retoques que Vricella le negaba. «Yo cambiaría muchas cosas, pero Marco me dice siempre que esto no es Lourdes. ¡Nunca podré parecer nórdica! [risas] No soy contraria a la cirugía, pero con control. 

No sé si por haber madurado o por estar al lado de Marco, me he dado cuenta de que no es la solución a los complejos, ni mucho menos. Lo cierto es que ahora les doy menos importancia. Tiendo a usar menos maquillaje y a la naturalidad... Él me ha dado esa seguridad. En vez de convertirme en una obsesa de la estética, me ha centrado. En realidad, Marco es bastante conservador, y por eso yo nunca me haría unos pechos o una boca desproporcionada».

«Es que es joven y guapísima, no necesita mi ayuda», explicaba él. «Siempre hemos estado de acuerdo en que, si algún día quisiese hacerse algo, tendría que dejar un resultado muy natural en línea con un ideal de belleza nada artificial. Para mí, la belleza ideal en una mujer es un conjunto de proporciones y simetrías, de feminidad y elegancia. Por suerte para mí, encuentro todas estas características en Sonia». Corría el amor para la sirena y el cirujano, y nada ha trascendido acerca de cómo tal torrente ha podido terminar, sin intermediación de terceros, tan mermado.

Ante la radical ausencia de él de los medios de comunicación, sólo quedan las palabras de ella. De momento, Sonia Ferrer se limita a disfrutar de su recobrada popularidad con declaraciones puntuales o informaciones en diferido a través de periodistas amigos. Además, ya luce tipazo en actos promocionales en los que, otra vez, es requerida. De nuevo en órbita televisiva, no se sabe si el foco compensa pero, sin duda, anima.

Con un anillo valorado en más de 200.000 euros y una sonrisa tanto o más deslumbrante, la televisiva adornó el pasado jueves la presentación de una nueva firma de joyería. Ni confirmó ni desmintió su romance, pero admitió estar viviendo «el peor momento de su vida» y repitió que su hija era su «único y verdadero amor». Dicen que abandonó la presentación por un ataque de ansiedad, pero ella misma desmintió este extremo en Twitter. No estaba atacada. Sólo quería irse, cuanto antes, a casa.

Y... ¿enamorados? Sonia Ferrer y Marcos Vricella fueron portada de Magazine este agosto y contaron su testimonio como cirujano plástico y esposa, que no paciente. Se casaron en 2007 y tienen una niña de 3 años. Hoy están separados.

26 enero 2016

Los pechos silicionados

Eran un cuadro pop tus labios ovulados. Tu pelo moderno y vulgar, de una calidad tan rubia como la de aquella peseta. Casi siempre, platino; a veces, con raíces proletarias. Tus pestañas, postizas naturales. Tu lunar, una serigrafía. Tu resultona palidez de Procol Harum.

Tus coloretes espirituales salían por defecto en el revelado del negativo como vampiros exhibicionistas. Tu redondez dramaturga -no dramática- y manoseada; tus curvas de carretera nacional. Tu mirada perdida atentamente en el infinito que colgaba a dos palmos de tu nariz. Incluso tu alto cociente intelectual seguido de los varios ceros que fueron tus últimas interpretaciones hasta lograr la toma buena: ¡treinta veces una frase! Tu barbilla en barbecho. La sombra de tus fosas nasales descansando. Tu carmín acostumbrado a correrse ante el empuje de otros labios procaces.

Y luego tan carnal, esas tetas a las que Juan José Millás no podría objetar caída y morbidez, lejos de los pechos siliconados. Si hasta posabas mientras dormías. Aquello era estratosférico, no podía acabar bien. De haber nacido en el dieciocho habrías muerto de sífilis; naciste en el veinte, la depresión y la fama te causaron estragos.

Te imagino con un biombo en el bolsillo del tejano por si acaso. Ocultándote mientras concedes entrevistas, mientras interpretas, mientras preparas unos sándwiches para el almuerzo. Mientras conquistabas espíritus y braguetas. Casi siempre, con el piloto automático, escondiendo los primeros planos de tu alma, como lo demás, también, turgente. Imprimes lástima, querida envidiada. Miro tu perfil frontal y, como el de la Mona, no sé si me sonríe o permanece quedo. No sé si besas o te apartas; si despiertas o sesteas; si -te- matas o -me- espantas. Y, como aquélla también, descansas sobre museo.

El champán relaja. Posaste desnuda y lo único que te preocupaba era estar cerca de tu peluquero, salir bien peinadita o despeinadita, según el cuidadoso desaliño que se permiten las estrellas. Antes ya le habías dado a Andy Warhol la obra hecha. Sólo tuvo que apretar el gatillo. Tienes una pequeña parte de tu álbum privado colgado en la Sala Revilla de Valladolid hasta el próximo catorce de noviembre.

19 enero 2016

La estatua de Coslada tiene tetas

El municipio de Coslada tiene, desde el pasado miércoles, nueva vecina. Su nombre es aún desconocido y su edad, digamos, incalculable. De momento, lo único que se sabe de ella es quién es su padre, el artista hiperrealista Antonio López, y sus medidas, cinco metros de altura y cuatro de ancho.

¿Y de pecho? «Yo diría que una 200», comenta entre risas Joaquín, un cosladeño que, «aprovechando el solecito», se acercó ayer con sus hijos de 7 y 9 años a la glorieta donde permanece instalada La mujer de Coslada. 

Una estatua de bronce que representa el torso desnudo de una joven y que ya es motivo de orgullo entre los residentes de este municipio ubicado en el Corredor del Henares.

Como Joaquín, decenas de vecinos fijaron en su hoja de ruta dominguera la visita a la efigie, situada en la glorieta donde desemboca la Avenida de la Constitución. Armados con una pistola (de pan) y el periódico, acompañados por la familia y la mascota... Era raro ver al cosladeño que, aunque sea sólo durante un par de minutos, no se parase a contemplar la figura desnuda de la mujer y realizar, en petit comité, algunas valoraciones.

Otros aprovecharon para fotografiarla con la ayuda de su teléfono móvil y hubo quien dibujó su silueta en un cuaderno de bocetos. Los más atrevidos, incluso, se acercaron a la escultura para tocar su bronceada piel o hacerse fotos, desde la distancia, palpando sus senos.

Todos los vecinos consultados consideraron que la efigie «es bonita», aunque hubo algunas discrepancias en relación con su emplazamiento o con el dinero invertido en su realización. Luisa, «cosladeña de toda la vida», echa en falta unos focos porque, dice, «por la noche la zona está muy oscura y es algo triste». 

En el mismo sentido, Matilde, de 73 años, considera que «el espacio donde se ha instalado la estatua es muy soso» y recomienda al Ayuntamiento «la plantación de unas flores o la instalación de una fuente que den color y vida a la glorieta».

El asunto, por supuesto, también se ha convertido en debate de barra de bar. Dice Antonio, quien había salido «a tomar una cervecita» en compañía de su señora, que «el gasto en la estatua es, en tiempos de crisis, excesivo». El coste total ha sido de 450.000 euros a cargo, únicamente, del Gobierno central. «Yo creo que en estos momentos hay otras necesidades sociales que deberían cubrirse antes de pagar ese dineral», argumentó la misma fuente.

Tampoco pasa desapercibida entre los vecinos la escasa vestimenta de la efigie, inspirada, según el propio autor, en una alumna de la Facultad de Bellas Artes de Madrid. «Su desnudez es algo bonito y muestra a la mujer al natural. No veo nada de erotismo en ella», valoró Araceli, otra de los transeúntes que con una mano protegía sus ojos del sol y con la otra apuntaba de forma directa a la efigie. «Aunque ya sabes que hay gente con la mente muy cerda», remató de forma más tímida Pedro, su marido.

Paqui, de 76 años, le pondría «una bufandita, porque si no en invierno va a coger frío». Fernanda, su compañera de paseo, le preguntaba a continuación si sabía por qué la estatua no estaba mirando al casco histórico del municipio. 

Claro, es porque está mirando en sentido a la salida del sol», respondía, muy enterada, la primera. Sin embargo, no hay necesariamente que saber de escultura para hacer juicios sobre la obra. Yo es que no entiendo mucho de arte, pero lo que sí te puedo decir es que tiene buenas bufas, bromeó el portavoz de una pandilla juvenil. Este grupillo tomó durante unas horas uno de los bancos instalados a modo de mirador en la misma glorieta, para disgusto de algunos ancianos que paseaban por el lugar.

Lo que está claro es que para jóvenes y mayores, La mujer de Coslada es motivo de orgullo vecinal, ya que hace de esta ciudad la tercera del mundo que tiene en su haber una obra de arte del escultor manchego, igualándola con Madrid o Boston.

La estatua se puede convertir además en un reclamo turístico para el pueblo. Luisa y Javier, residentes en el madrileño barrio de Chamberí, aprovecharon la mañana para acercarse a ver la escultura en primera persona. «Es la primera vez que venimos a Coslada en nuestra vida», comentó ella. «Queríamos disfrutar de esta gran obra de arte», apuntó él.

Ahora, el principal miedo entre los cosladeños es que su nueva vecina sea percutida por algunos grupos de gamberros. «Está muy sola y por la noche esto está muy oscuro. A ver cuánto tardan en pintarla y ensuciarla...», pronosticó otra residente. Para ésta, el único consuelo es lo cerca que se encuentra la comisaría de Policía.

La estatua se puede convertir en un reclamo turístico para el pueblo.

El principal miedo entre los cosladeños es que sea percutida por grupos de gamberros.

12 enero 2016

Madonna es machorra

Pese a los 58 años que cumplió en abril, es probable que la etiqueta de enfant terrible acompañe siempre a Jean Paul Gaultier. 

El chico rebelde que esculpió los pechos de Madonna en dos conos y destripó los de Victoria Abril en aquel traje de látex que paseó en Kika (Pedro Almodóvar, 1993) es hoy un señor amable y coqueto («¡si me vas a retratar de perfil avisa, que meto barriga!», bromea con el fotógrafo), alejado de los excesos pero sin pelos en la lengua. 

Gaultier está en Barcelona para presidir el jurado de los Mango Fashion Awards, el premio de moda mejor dotado de su especie (300.000 euros, ahí es nada) que anoche se llevó la belga Lena Lumelsky. Aunque lo que todo el mundo quiere saber son detalles acerca de su salida de Hermès. 

No es para menos: el francés ha sido durante años el diseñador oficial de una de las casas de marroquinería más antiguas y lujosas (a la que Helmut Newton definió como «la sex shop más cara y lujuriosa del mundo»), y además posee el 45% de su firma. Él insiste en lo dulce que ha sido el final de «un noviazgo feliz».

Pregunta.- Ha estado los últimos siete años diseñando para Hermès, quizá la casa que mejor simboliza el auténtico lujo francés, ¿cómo ha vivido el desplazamiento del sector hacia nuevas potencias como China?

Respuesta.- La industria del lujo se ha dado cuenta de que fabricar en Europa se ha vuelto demasiado caro. Recuerdo que Calvin Klein fue uno de los primeros en llevar una parte de su producción a China a finales de los 70. No hay que tenerle miedo al cambio, allí se trabaja con suficiente calidad. China es el futuro. Por otra parte, Europa tiene que encontrar la manera de salvar a sus artesanos.

En un desfile que celebró en Moscú el pasado mayo afirmó: «Europa será un satélite de Rusia».

Los polos están cambiando de forma inevitable. Estados Unidos ha dejado de ser primera potencia y ahora existe un nuevo público en China, Rusia e India, que serán el centro del mundo en el futuro, aunque no estemos aquí para verlo.

Scarlett Johansson es su coanfitriona en los Mango Fashion Awrads, ¿cómo la definiría en un par de palabras?

Muy normal y natural. Me ha parecido simpática.

¿Y a su gran amiga y musa Madonna?

Madonna es más macho que los machos [Risas].

¿Qué opina de Carla Bruni?

La primera vez que la vi me recordó a una heroína de libro. Es una gran seductora en el amplio sentido de la palabra. Me parece normal que sea la primera dama de Francia. Posee una gran fuerza, inteligencia y carácter. Es una gran embajadora de todo: de la elegancia y de la política.

¿Y con qué ojos ve al fenómeno pop Lady Gaga?

El vídeo de Telephone me parece una ofensa a lo políticamente correcto, lo cual creo que es maravilloso y muy necesario. Estamos entrando peligrosamente en una época en la que todo está prohibido: el aborto, fumar, de repente hay cosas que no se pueden decir... y es muy grave, estamos perdiendo cosas que ya habíamos ganado en los 70. Lady Gaga es pura provocación en ese sentido. Aunque para llegar a donde está se haya estudiado la biografía de Madonna como si fuera la biblia.

¿Qué le parecen las protestas que asolan las calles francesas?

Francia está dominada por el espíritu negativo. Nunca nada está bien. A la gente no le gusta trabajar ni que los demás trabajen. Todo consiste en tener dinero y hacerse famoso. El trabajo está visto como algo vulgar.

¿No comparte las quejas de muchos franceses?

Lo que están haciendo con él es pura manipulación. Sarkozy un dirigente de derechas, cuando ha aprobado muchas leyes de izquierdas. El verdadero problema de Francia es el fantasma de la guillotina, de la revolución. Cuando, si observas nuestra historia, hemos tenido un montón de emperadores. ¡Miterrand era tratado con honores de monarca! Pero existe esa especie de culto al fracaso, de no querer ser el primero en nada. Hay una postura negativa generalizada ante el éxito o todo lo que signifique ganar dinero. ¿A dónde vamos con esa mentalidad?

¿Cree que la sociedad francesa está preparada para legalizar el matrimonio entre homosexuales?

Eso espero, ya estamos tardando. Es por culpa de las huelgas, que lo retrasan todo [risas]. A mí personalmente no me interesa casarme, pero creo que sería importante para erradicar la homofobia de muchos países como Rusia, Israel o Serbia, donde muchos gays todavía sufren discriminación.

Está en Barcelona para presidir el jurado de los Mango Fashion Awards y entregar un premio destinado a descubrir un nuevo talento de la moda, ¿qué le parecen este tipo de iniciativas?

Es una oportunidad genial para que el ganador demuestre todo lo que es capaz de hacer. ¡Es el premio más generoso de todos los que existen de este tipo! Me parece que, especialmente en un contexto de crisis como el actual, es una buena noticia para todos esos jóvenes que están tratando de abrirse camino.

¿En los momentos difíciles se mira hacia la juventud?

Sí, cuando buscas soluciones y no las encuentras, si le preguntas a alguien que no esté del todo metido en el sistema es más fácil que sepa detectar lo que verdaderamente es necesario en ese momento.

¿Se ve a sí mismo en el futuro colaborando con alguna cadena textil de masas?

En los 80 lancé mi línea Junior, que iba encaminada en esa dirección. La costura y el prêt-à-porter son maravillosos, pero sentía la necesidad de hacer jeans y camisetas, ropa más simple. Las líneas de precio más bajo pueden ser creativas y mantener el espíritu Gaultier. Desde luego, no soy de los que diseña basándose en estudios de mercado.

27 agosto 2015

El PCE el traidor de la clase obrera

En junio de 1977 toda utopía tuvo asiento registral y la revolución marxistaleninista, confianza en las urnas. Cómo sería que, años después, rojos irreductibles seguían criticando al PCE por traidor a la clase obrera y campesina y por haber frustrado el ascenso al poder del proletariado republicano; que, al parecer, estaba en puertas y se daban las condiciones objetivas. 

Profesaban con tal convicción y sinceridad que la derecha estaba aterrada y descalificaba la democracia porque creía que tal atomización quería decir que todos los españoles eran de izquierdas. Lo llamaba peyorativamente la «sopa de siglas». Y en efecto, cualquier practicante disponía del adecuado partido político donde observar su fe por leve que fuera la diferencia ideológica con el partido contiguo. Incluso los anarquistas tenían donde elegir: el acabóse. 

Los españoles, por lo visto, no estaban para caldo con tantos tropezones ni por el recocido puchero de los ancianitos franquistas, ni siquiera por la sopa de caridad de los cristianos de siempre democratizados para el evento. El elector prefirió el menú largo y estrecho de Suárez, pero cocinado medio crudo y trufado de huesos traidores emboscados en el potingue, y al final se condenó al plato único socialista: lentejas. 

En todo caso, aquella luminosa galaxia se enfrió el 16-J. Hoy apenas llega un resplandor del Big crash. El aceite de los más o menos dos centenares de lámparas votivas se ha ido consumiendo en diversas batallas: la OTAN, las bases norteamericanas, las reconversiones, el racismo, el Sahara, la guerra del Golfo, Cuba... En fin, lo que reveló que eran inútiles tantas siglas fue la quiebra del abastecedor, el socialismo real. Juntaron los restos de combustible y alumbraron un débil movimiento ciudadano, dispuesto a ser conciencia a todas horas.

No obstante, Maastricht, el Nuevo Orden, las guerras que nos esperan, continúan alimentando la utopía; incluso si se agota en tantos frentes como hay abiertos, sus cenizas tendrán sentido. Lo dijo Quevedo y es mucho más de lo que pueden decir estrellas fundidas antes de lucir: el PDR de Roca: de su oscuridad inicial no queda ni la sombra.

20 agosto 2015

Los orígenes del nombre de Dios

Resultaría cuanto menos problemático conocer cuál, de las tres religiones abrahámicas, ha aportado más Dios al volcán de Oriente Medio y a su erupción más reciente, la guerra del Golfo. 

El nuevo libro de Manu Leguineche desarrolla una extensa crónicamosaico, en la que se plantea una aproximación a la zona más inmediata de confrontación abierta por los hacedores del viejo y nuevo desorden mundial, de sus pretensiones, cruzadas, de uniformización planetaria y de las confusas cuando no desquiciadas respuestas del mundo árabe a esa renovada intrusión occidental. Lo hace desde el periodismo, desde un largo quehacer profesional que le permite mezclar lo vivido y viajado por él mismo a lo aprehendido en el fárrago informativo internacional de datos, de noticias, y también de una nada desdeñable dosis de propaganda, de manipulaciones e incluso de una subyacente y generalizada tendenciosidad ideológica.

El recorrido, sabiamente fragmentado, por la geografía e historia reciente del mundo árabe y musulmán da como resultado una lectura amena, interesada y nada fatigosa. El libro aporta, en primer lugar, un vasto acopio de datos y anécdotas que el autor sabe ensamblar dentro de un gran fresco impresionista en el que se entremezclan aspectos superficiales junto a otros determinantes de la crisis que vive la zona así como del accionar del poder norteamericano. Sabe priorizar lo descriptivo sobre lo analítico e interpretativo, procura una objetividad informativa aunque algunas veces se tiña de escepticismo y otras se deje llevar por un respeto excesivo hacia los modos de información estadounidense y a sus márgenes de credibilidad. Hay, sin embargo, en el texto una abundante y puntual información crítica del comportamiento de los medios durante la guerra del Golfo, sobre su cesión de autonomía y sobre su manejo totalizante por el ejército norteamericano. 

Es tal vez el aspecto más personal del libro. Leguineche se carga de nostalgia, se adhiere a un pasado que continúa siendo el suyo propio, ligado a la galaxia Gutemberg, a una prensa escrita y a un periodismo independiente queha estado silenciándose, acondicionándose progresivamente desde la derrota estadounidense en Vietnam. Manu Leguineche ha sido visitante asiduo de los países árabes y musulmanes y tiene mucho de institución en la prensa española. La duda, la barrera entre saber periodístico y conocimiento de los pueblos es algo que se desdibuja con la experiencia y los años. Es su caso. Los tics ligados a la cadena taxistas, hoteles, embajada, funcionarios, prensa, se han resquebrajado hace tiempo; las estancias en la zona durante crisis políticas y militares, por su frecuencia, han adquirido carta de cotidianeidad reflejada en multitud de pasaportes; los hábitos de información, conocimiento y seguimiento de los medios han pasado a ser deformación profesional. 

Todo ese saber estar y saber ver, ese exceso de informaciones, dosificadas, se refleja en las páginas del libro y lo hacen atractivo para un lector interesado. Al tiempo, esa dosificación se plantea desde una óptica racionalizadora, de discreta sensatez occidentalizante, superficializa de alguna manera el tema y soslaya la variante «fanoniana» a las crisis del Sur, especialmente del mundo árabe. .

Nana Leguineche, de manera pormenorizada, las vicisitudes de una guerra que conmocionó al mundo; sabe ilustrar, si no las razones o sinrazones últimas del conflicto, sí aquellos factores decisivos y visibles que motivaron la mayor movilización militar de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial; reconstruye momentos y personajes claves de un mundo árabe roto en el tiempo y en el espacio, entre sus ansias, siempre frustradas, de independencia real y la esquizofrenia producto de una inconclusa situación colonial: deseos generalizados y proyectos de unidad política y cultural chocando de continuo con una fragmentada presencia de estados locales con diferentes y contradictorias fórmulas de gobierno; colisión también entre islotes de riqueza en un entorno de miseria; intentos reiterados y fracasados de imposición de los modos políticos occidentales y emergencia cultural de lo religioso, del Islám, como última seña de identidad frente a la doble intrusión del norte, hoy unificada. 

El libro de Manu Leguineche, junto a sus virtudes literarias, de fresco abierto a un mundo árabe complejo, desganado y agredido, tiene algo de conjuro, de racionalización, ante un terror innominado y difuso para el europeo, en el que algunos podrían encontrar similitudes con los orígenes primigenios del nombre de Dios.