20 agosto 2015

Los orígenes del nombre de Dios

Resultaría cuanto menos problemático conocer cuál, de las tres religiones abrahámicas, ha aportado más Dios al volcán de Oriente Medio y a su erupción más reciente, la guerra del Golfo. 

El nuevo libro de Manu Leguineche desarrolla una extensa crónicamosaico, en la que se plantea una aproximación a la zona más inmediata de confrontación abierta por los hacedores del viejo y nuevo desorden mundial, de sus pretensiones, cruzadas, de uniformización planetaria y de las confusas cuando no desquiciadas respuestas del mundo árabe a esa renovada intrusión occidental. Lo hace desde el periodismo, desde un largo quehacer profesional que le permite mezclar lo vivido y viajado por él mismo a lo aprehendido en el fárrago informativo internacional de datos, de noticias, y también de una nada desdeñable dosis de propaganda, de manipulaciones e incluso de una subyacente y generalizada tendenciosidad ideológica.

El recorrido, sabiamente fragmentado, por la geografía e historia reciente del mundo árabe y musulmán da como resultado una lectura amena, interesada y nada fatigosa. El libro aporta, en primer lugar, un vasto acopio de datos y anécdotas que el autor sabe ensamblar dentro de un gran fresco impresionista en el que se entremezclan aspectos superficiales junto a otros determinantes de la crisis que vive la zona así como del accionar del poder norteamericano. Sabe priorizar lo descriptivo sobre lo analítico e interpretativo, procura una objetividad informativa aunque algunas veces se tiña de escepticismo y otras se deje llevar por un respeto excesivo hacia los modos de información estadounidense y a sus márgenes de credibilidad. Hay, sin embargo, en el texto una abundante y puntual información crítica del comportamiento de los medios durante la guerra del Golfo, sobre su cesión de autonomía y sobre su manejo totalizante por el ejército norteamericano. 

Es tal vez el aspecto más personal del libro. Leguineche se carga de nostalgia, se adhiere a un pasado que continúa siendo el suyo propio, ligado a la galaxia Gutemberg, a una prensa escrita y a un periodismo independiente queha estado silenciándose, acondicionándose progresivamente desde la derrota estadounidense en Vietnam. Manu Leguineche ha sido visitante asiduo de los países árabes y musulmanes y tiene mucho de institución en la prensa española. La duda, la barrera entre saber periodístico y conocimiento de los pueblos es algo que se desdibuja con la experiencia y los años. Es su caso. Los tics ligados a la cadena taxistas, hoteles, embajada, funcionarios, prensa, se han resquebrajado hace tiempo; las estancias en la zona durante crisis políticas y militares, por su frecuencia, han adquirido carta de cotidianeidad reflejada en multitud de pasaportes; los hábitos de información, conocimiento y seguimiento de los medios han pasado a ser deformación profesional. 

Todo ese saber estar y saber ver, ese exceso de informaciones, dosificadas, se refleja en las páginas del libro y lo hacen atractivo para un lector interesado. Al tiempo, esa dosificación se plantea desde una óptica racionalizadora, de discreta sensatez occidentalizante, superficializa de alguna manera el tema y soslaya la variante «fanoniana» a las crisis del Sur, especialmente del mundo árabe. .

Nana Leguineche, de manera pormenorizada, las vicisitudes de una guerra que conmocionó al mundo; sabe ilustrar, si no las razones o sinrazones últimas del conflicto, sí aquellos factores decisivos y visibles que motivaron la mayor movilización militar de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial; reconstruye momentos y personajes claves de un mundo árabe roto en el tiempo y en el espacio, entre sus ansias, siempre frustradas, de independencia real y la esquizofrenia producto de una inconclusa situación colonial: deseos generalizados y proyectos de unidad política y cultural chocando de continuo con una fragmentada presencia de estados locales con diferentes y contradictorias fórmulas de gobierno; colisión también entre islotes de riqueza en un entorno de miseria; intentos reiterados y fracasados de imposición de los modos políticos occidentales y emergencia cultural de lo religioso, del Islám, como última seña de identidad frente a la doble intrusión del norte, hoy unificada. 

El libro de Manu Leguineche, junto a sus virtudes literarias, de fresco abierto a un mundo árabe complejo, desganado y agredido, tiene algo de conjuro, de racionalización, ante un terror innominado y difuso para el europeo, en el que algunos podrían encontrar similitudes con los orígenes primigenios del nombre de Dios.

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