07 abril 2012

El emperador marica

Fue amado durante siete años por el emperador Adriano, quien a su muerte, destrozado por el dolor, le elevó al Olimpo de los dioses y le dedicó templos y ciudades por doquier. Pero sobre todo Antinoo, el esclavo adolescente que el emperador Adriano conoció alrededor del año 123 en un viaje a Bitinia, en Asia Menor, y que rápidamente convirtió en su amante, lleva 2.000 años siendo un símbolo de belleza y de juventud.

Para comprobarlo no hay más que ver la enorme sugestión que a lo largo de los siglos (desde el mundo antiguo hasta el Renacimiento, por no citar el fuerte impulso a su fama que en el siglo XX le dio Marguerite Yourcenar con sus Memorias de Adriano) ha suscitado en numerosos artistas la figura de ese chaval de físico deslumbrante y destino trágico que murió ahogado misteriosamente en el Nilo cuando aún era muy joven.

Antinoo revive ahora en una importante exposición montada precisamente en Villa Adriana, el palacio en Tivoli (localidad a las afueras de Roma) donde tenía su residencia el emperador Adriano y donde se llevó a vivir a su joven amante.

La muestra lleva por título Antinoo, la fascinación de la belleza y reúne medio centenar de obras entre esculturas, bajorrelieves, gemas y monedas a través de las cuales se reconstruye la figura del favorito del emperador. Muchas de esas obras es ahora cuando por primera vez regresan a Villa Adriana, el lugar en el que fueron descubiertas.
Hay por ejemplo varias estatuas de Antinoo y del emperador Adriano, incluido el famoso busto en mármol de los Museos Vaticanos o el magnífico bronce del Museo Arqueológico de Florencia. Pero también hay una sección dedicada al dios Antinoo: al fin y al cabo, tras su muerte durante una expedición en aguas del Nilo, el emperador Adriano decidió fundar, muy cerca del lugar en el que tuvo lugar la tragedia, la ciudad de Antinoopoli, en honor a su amante fallecido.

De ese modo el joven esclavo fue divinizado por los sacerdotes egipcios quienes, dado que Antinoo había muerto en el Nilo, lo representaron como Osiris, la más alta divinidad egipcia y que según el mito renace de las aguas de ese río.

De hecho, en la exposición de Villa Adriana, que permanecerá abierta hasta el 4 de noviembre, hay por ejemplo una estatua en cuarzo rosa de Antinoo en plan Osiris, procedente del Staatliche Kunstsammlungen de Dresde. Pero también hay varias representaciones de Antinoo como Apolo, como Dionisio o como sacerdote de Attis.
«La figura de Antinoo, a pesar de su indefinición histórica en todo lo que va más allá a su relación con Adriano, ha dado pie a una serie de obras de arte de excepcional riqueza y variedad, hasta el punto de haber creado un auténtico modelo propio bien conocido por los arqueólogos y reconocible también por buena parte del público», sentencia Marina Sapelli Ragni, comisaria de la muestra.

Antinoo era casi un niño cuando en el año 125 llegó a Roma acompañando al emperador Adriano, que lo había conocido en Betania en torno al año 123 y en seguida se había encaprichado de él.

El emperador decidió alojar a su amante en Villa Adriana, buena parte de la cual aún estaba en construcción, y hacerse acompañar por él en todos sus viajes oficiales. Como aquel que emprendieron en el 128 y que concluyó dos años después con la trágica muerte del apuesto esclavo en un suceso que, según fuentes antiguas, nunca estuvo claro. Hubo quien habló de un suicidio/sacrificio para alargar la vida del emperador; hubo quien invocó el asesinato.
El hecho es que Antinoo murió ahogado en aguas del Nilo. Adriano, postrado por la pena, no solo fundó Antinoopolis en las cercanías del escenario de su muerte. Además, a su regreso a Roma en 133, el emperador hizo construir en Villa Adriana un gran edificio con ábside, conocido como el Antinoeion, para honrar el recuerdo de su amante. En esa construcción, siempre en memoria de Antinoo, fue colocado un imponente obelisco que hoy en día se encuentra en el Pincio, el parque situado sobre la Piazza del Popolo en Roma.

La exposición dedicada al efebo permite también visitar los recientes descubrimientos realizados en el Antinoeion. Y concluye con una sección que se concentra en la figura de Antinoo a través de los siglos.

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