04 julio 2012

No había más diversión que el pop


Jarvis Cocker siempre quiso ser una popstar, así que a los 15 años formó una banda que terminó llamándose Pulp. Durante otros 16 años, el grupo pasó sin pena ni gloria hasta que en 1994, en pleno pelotazo del Brit-Pop, se convirtió en uno de los nombres de referencia de la música inglesa. Y lo hizo mediante una combinación peculiar: un líder flacucho y desgarbado, una característica mezcla de pop melódico y electrónica, y unas letras divertidas y afiladas que hablaban de drogas, jóvenes alienados, penurias del mundo posindustrial y, sobre todo, de sexo. El sexo como una forma de sortear la desesperación, el mal de fin de siglo o el aburrimiento. 
Ahora, cuando ya no es sólo la industria musical la que se tambalea, sino todo el sistema, Cocker reúne en el libro Madre, hermano, amante (Mondadori) sus mejores letras, con Pulp y en solitario, como homenaje al pop en su defunción.
En 2002, Cocker puso fin a Pulp para iniciar una carrera en solitario, que ha dado como fruto dos álbumes y un tercero en el que actualmente está trabajando. El pasado año Pulp volvió a reunirse en una apoteósica gira que en España se ha podido ver en los festivales Primavera Sound 2011 y SOS 2012. De forma paralela, Cocker fue trabajando en este libro, cuyo título en inglés (Mother, brother, lover) hace referencia a una de las rimas más comunes en sus canciones. «Quizá fui yo el que inventé esta rima», se reía el músico este jueves durante las entrevistas de presentación del libro, que acaba de publicarse en una edición bilingüe, con suculentas notas y un igualmente apetitoso prólogo sobre el arte de hacer canciones y escribir letras. «Lo cierto es que al ver esas tres palabras sentí mucha vergüenza y pensé en lo perezoso que era. Pero, en lugar de hacer como si nada hubiese ocurrido, lo puse en el título». 

Esas dos facetas, el hacer de la necesidad virtud y el pudor, articulan la manera de escribir canciones de Cocker. «Da vergüenza subir al escenario y cantar cosas sobre uno mismo. Pero como es algo que siempre va a dar vergüenza, yo decidí que quería cantar algo verdadero», explicaba Cocker sobre su técnica. Por eso, en vez de redactar unas memorias «espectaculares y llamativas [imitando el sonido de una trompeta], contando con quién me había acostado», Jarvis decidió reunir estas 78 letras, «lo más cerca que estaré nunca de escribir una autobiografía». Un trabajo publicado en el Reino Unido en la prestigiosa editorial Faber & Faber, en la cual Cocker ejerce también de editor, aunque de forma bastante perezosa. 

Aún así, Cocker rechaza cualquier tipo de comparación entre poesía y letras de canciones: «Todos sabemos que en los grupos tienen problemas de ego. Y una de las cosas que acompañan los subidones de ego es que la gente se tome en serio las letras». Para él, sólo hay dos formas de alimentar este «karaoke», el camino «de la broma y de escribir estupideces» y el de «concentrar toda la experiencia humana en una canción». No hay más que ver la foto de arriba, en uno de sus características payasadas durante los conciertos, para saber qué opción escogió él. 

Y, sin embargo, cuesta calificar de estupideces sus letras. Incluso cuando «todo, o casi todo lo que cuentan gire en torno al sexo», como reconoce el autor de I never said I was deep (Nunca dije que fuese profundo). «Empecé a hablar de ello porque quería saber cómo era. Mis primeras letras son de cuando quería tener sexo, cuando aún era virgen, con 15 años. Me interesaba mucho el sexo como concepto porque aún no lo había practicado. Cuando finalmente lo logré tenía casi 20 años . Así que durante cuatro años la idea fue que, si no podía hacerlo, tenía que escribir algo sobre ello», rememora el músico. 

«Normalmente, hacer letras de canciones es escribir de una forma exagerada. Y en cuestiones de sexo, eso puede acabar en el 'vamos nena, muévete para papi' [gimiendo de forma sensual]. Y ésa no es mi experiencia. Intento escribir sobre ello desde un punto de vista más realista. Siento como si me hubiesen vendido la imagen equivocada y quisiera ofrecer la representación correcta de lo que es el sexo». 
Una representación en la que abundan las bajadas de bragas en viviendas sociales, los polvos con cucarachas trepando por las paredes y cosas como las que se cuentan en una de sus canciones señeras, This is hardcore: «Pon el dinero donde esta noche está tu boca. / Déjate el maquillaje puesto y yo dejaré la luz encendida. / Ven aquí, cariño, y habla en dirección al micro. / Oh sí, ahora te oigo, / va a ser una noche tremenda (...) Esto es el ojo de la tormenta, / es por lo que pagan los hombres en gabardinas manchadas, / pero aquí dentro es puro». Por todo ello, y a pesar de sus gruesas gafas, Cocker terminó convirtiéndose en un icono sexual del cambio de milenio. «¡Sí! ¡Ése era mi plan!», gritaba el jueves en su hotel ante esta idea. 

Aún así, canciones como Common People (sobre una niña bien que quiere saber lo que siente la gente corriente) y Sorted for E's & Wizz (una historia de la juventud británica que se dejó el cerebro en raves) trascienden la experiencia personal del cantante. «Sé que el aspecto social de las canciones está ahí, pero siento que sucede por accidente. Si intentase escribir una canción sobre el orden mundial o la crisis económica, no me saldría. Pero cuando tuve que volver a mis letras para este libro, me sorprendió ver que había un leve aspecto histórico. Pensaba que todo iba de 'yo, yo, yo y más yo', cuando en realidad era 'yo, yo, yo, algo más, yo, yo...'». 
Y esto lleva a la cultura popular, al pop. Jarvis hace la onomatopeya metiéndose el dedo en el carrillo y luego sentencia: «No creo que exista más, al menos en el sentido en el que yo pensaba en ello. Era un producto que la sociedad de consumo producía y vendía en masa. Durante un breve periodo de tiempo, debido a la demanda y a los ánimos de una industria que decía 'vamos, escribid algo de música y la venderemos', se hicieron cosas muy interesantes. Pero ahora esa forma de pop ha desaparecido y nos queda el pop industrial, de X-Factor y los concursos de televisión». 

«Para mí», prosigue, «el pop, la cultura popular, era la forma indígena de divertirse de la gente. Como no tenían acceso a otras formas de cultura, se las inventaban. El fútbol es un ejemplo : Se creó como forma de pasar el rato, porque es fácil y sólo hay que pegar patadas a algo. Ahora es un negocio gigantesco y la gente ya no está interesada en la forma que nos interesábamos antes».

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