10 septiembre 2014

Ha llegado la moda del sadomaso

Antifaces, ligueros, esposas (de policía, no las otras), látigos suaves y cuerdas de seda empiezan a formar parte de nuestra vida casi cotidiana. Podemos hacer como que no va con nosotras, que no sabemos qué es el bondage, la dominación suave, pero, no nos engañemos, el sadomaso light está de moda, no hay más que pasear por las calles, echar un vistazo a algunas revistas de moda y, muy especialmente, reconocer que 50 Sombras de Grey ha sido un éxito mundial de dimensiones que nadie imaginaba. ¿Qué más necesitamos? Esta claro, todas esas prácticas, que tienen mucho de estética pero también su parte real, la de experimentar con el dolor y la sumisión, ganan cada vez más adeptos. Por decirlo de una manera más frívola, son tendencia.

la estética punk ya recuperó esa iconografía y precisamente el hijo de sus artífices, de los que inventaron la imagen de ese movimiento, Vivienne Westwood y Malcom McLaren, es el creador de Agent Provocateur, una de las líneas de lencería que mejor reproduce la imagen de vampiresa con corpiños de ligas, sujetadores que cubren solo media copa o complementos de látex. Ahora empieza a abrir tiendas en nuestro país. Otra de las líneas estrella, más extrema, es Coco de Mer, con todo tipo de complementos y vestuario, desde el kit para iniciarse en el arte de atar a tu pareja; calzadores de lo más sofisticado que no sirven precisamente para ponerse los zapatos; fustas de lujo; corsés; reproducciones en jade de dildos anales en forma de loto o de otros en porcelana que imitan los juguetes sexuales ancestrales de Japón y China, o lencería vintage de los años 50 para ser una pin up de verdad, no de pacotilla. Antes muertas que ordinarias, por favor. En definitiva, todo lo indispensable para emular a las protagonistas de películas ya míticas sobre el asunto, como Garganta profunda, Portero de noche o Historia de O, precedentes más extremos de esa visión políticamente correcta del sadomaso que nos ofrecen las 50 sombras y derivados.

esa, digamos, normalización de la estética hace que muchas parejas se atrevan con este tipo de juegos. En bastantes ocasiones somos nosotras las que iniciamos la propuesta. No se puede negar que un taconazo, un corsé y un liguero nos hacen sentir sexys. A partir de ahí, puede venir lo que los dos quieran: desde que ella sea la que tome la parte activa con algún azote, pequeños pellizcos estratégicos, inmovilizándole con lazos de raso, cuerdas o gomas (teniendo mucho cuidado de que no corten la circulación, por supuesto), o que sea él quien, si le gusta y a ti te da morbo, te de algún cachete, te ponga unas esposas, practique el bonito arte del bondage (atar diversas partes del cuerpo o todo, pero para esto hay que conocer bien la técnica), use esas fustas de diseño o no, la estimulación un poco más dura de lo habitual de los pezones o el clítoris… 

También intercambiar los papeles, es decir, que el rol activo y el pasivo se vayan alternando, aunque lo habitual cuando se establecen este tipo de relaciones es que cada uno prefiera su puesto. Además, se puede emular a los de las sombras de Grey jugando al amo y la esclava, pero en versión un poco de andar por casa, sin esas órdenes que hacen que la o el sumiso tengan que estar todo el día pendientes de lo que el amo les ordena. En la literatura puede parecer excitante, pero la verdad es que para el día a día debe de ser bastante pesado. Claro, que si alguien quiere sentir esa experiencia, nadie puede juzgarlo.

bien asumido, el sexo, al final, es liberador, hace que salgan a la luz todos los deseos ocultos, el subconsciente. Nos permite jugar, encontrar un papel que muchas veces es el contrario de la máscara que nos colocamos cada día.

Por eso no se debe tener miedo, está bien llevar a la práctica fantasías que no pongan en peligro a nadie y con las que la otra persona disfrute. Pero tampoco hay que avergonzarse ni pensar que tu chico creerá que eres una carca si te propone atarte y jugar a esclavas y amos y te niegas. No. En este tipo de fantasías tan delicadas, donde la frontera entre cierto dolor que para algunos puede ser placentero y el desagradable, con sus consecuencias psicológicas, parece difusa, es importante estar muy seguro de que uno quiere participar. Y tener claro algo más: que, una vez iniciado el asunto, se parará si una de las partes así lo decide. Eso es esencial.

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